Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 22 Octubre, 2010


Rescatemos también a la humanidad


La opinión pública mundial no sale aún del asombro ante el heroísmo de los mineros y sus rescatistas, salidos casi milagrosamente de la mina San José en el desierto de Atacama al Norte de Chile. Pero lo que ahora corresponde para honrar este histórico acontecimiento, es tomar lúcida conciencia de lo que debe significar para la humanidad entera este increíble rescate.
Uno de los méritos más destacables de esta noble gesta es haber puesto de manifiesto, ante los ojos y la conciencia de todos, el aporte fundamental de los pueblos latinos al mundo actual. Debido en buena medida al sesgo sensacionalista que los monopolios mediáticos que dominan la opinión pública mundial no se cansan de difundir, Nuestra América ha sido noticia tan solo cuando hay golpes de estado e inestabilidad política, cuando se dan cifras de su pobreza o desigualdad social, o cuando hay catástrofes como los recientes terremotos de Haití o del propio Chile.
Pero esta vez ha sido la solidaridad de toda una nación la que ha concitado el apoyo moral y material, la colaboración de científicos y políticos, de sectores financieros y mediáticos de todos los rincones de la tierra. Nuestra América ha puesto de manifiesto la dimensión humana a un mundo tan necesitado de ella, obsesionado como está por el fetichismo de los índices del crecimiento económico, por la pesadilla de la crisis de las bolsas de valores, enajenado por los espectáculos frívolos de una sociedad que se asemeja cada día más a los tripulantes del Titanic.
Desde las entrañas de una mina se ha levantado una voz que, espero, sea oída para que se convierta en el inicio de un capítulo en la historia, no solo de nuestros pueblos, sino también de todos los pueblos que habitan este contradictorio y minúsculo planeta.
Lo que ahora cabe preguntarse es si este espíritu solidario, que ha llegado a todos los rincones como un rayo de esperanza, no pasa de ser tan solo un gesto aislado, o estamos en capacidad de convertirlo en una respuesta permanente frente a los grandes desafíos que hoy amenazan de exterminio a la especie humana.
Me refiero en concreto a la destrucción de nuestro hábitat, a la desnutrición y el hambre que agobian y matan a más de mil millones de seres humanos, al combate de enfermedades perfectamente curables y que siguen siendo la principal causa de muerte en los países pobres, al desempleo galopante que provocan las políticas neoliberales, al narcotráfico y la drogadicción que destruye a la juventud y desestabiliza a naciones como México y nos amenaza a nosotros mismos.
Si la humanidad ha mostrado una tal diligencia en salvar la vida de 33 mineros ¿por qué no hace lo mismo para enfrentar estos flagelos que se han convertido en su mayor pesadilla? ¿Qué nos impide hacer realidad las promesas del milenio? Tenemos todo tecnológica, mediática y financieramente para hacerlo. Solo nos hacen falta la voluntad y el compromiso para emprender este camino, que podría ser el único viable de que dispone hoy la humanidad para sobrevivir. La gesta de la mina de San José en el desierto de Atacama se convertiría así en el inicio del rescate de la humanidad entera.

Arnoldo Mora