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Lunes, 10 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Rescatar el PRUGAM

Vilma Ibarra [email protected] | Miércoles 19 octubre, 2011



Hablando Claro
Rescatar el PRUGAM

Esta vez no es un huracán. Es tan solo un innominado centro de baja presión que nos tiene en estado de calamidad, de urgencia nacional y/o de alerta preventiva. De nuevo, nuestra empobrecida cintura americana cuenta por miles de millones las pérdidas en carreteras, puentes, escuelas, viviendas y cosechas malogradas, así como un centenar de invaluables vidas humanas incluyendo las nuestras que a diferencia de las víctimas de los hermanos habría que calificar más como muertes por imprudencia que por efecto mismo del fenómeno climatológico. La responsabilidad individual es incuestionable. No hay institución ni policía alguna que evite que alguien decida contra la más elemental cordura lanzarse a pasar un río crecido. Pero esas son las excepciones porque lo cierto es que muchas personas en estado de pobreza extrema viven donde y como pueden y no donde y como quisieran.
Centroamérica está considerada zona de extrema vulnerabilidad a los efectos del cambio climático. Y por supuesto, nuestro país no escapa a esa consideración que urge acciones tanto en las planicies rurales como en las zonas metropolitanas de alta concentración poblacional.
Conociendo esta segunda realidad puntual y tomando en cuenta que nuestro plan de regulación urbana de los 80 ya era una herramienta superada, la Unión Europea respaldó en 2002 la iniciativa para que un grupo de expertos nacionales elaboraran un nuevo plan regional que determinara con criterios científicos rigurosos la expansión posible de nuestra metrópoli. Así, tras casi diez años de trabajo y una inversión de €18,5 millones, se gestó el Plan Regional Urbano de la Gran Area Metropolitana (PRUGAM 2008-2030) viabilidad ambiental incluida. Pero por increíble que parezca, la anterior administración decidió simplemente echarlo al canasto de la basura.
Esta Administración tenía la enorme oportunidad de rescatarlo. Pero no lo ha hecho. Por el contrario y para nuestro estupor, la presidenta ejecutiva del INVU (institución estatal que formó parte del proceso de gestación del PRUGAM) nos enteró recientemente que van a gastarse la bicoca de ¢190 millones de nuestras exiguas arcas, para parir en cuestión de unos meses un nuevo plan de ordenamiento territorial: el POTGAM; una genialidad de esas con siglas que nos encantan a los ticos.
En estas semanas he consultado a varios expertos en la materia si hay razón alguna que justifique el persistente rechazo al PRUGAM y todos sin excepción argumentan que no solo no hay razones suficientemente válidas, sino que por el contrario el plan debe ser rescatado.
Solo los ríos no se devuelven. Ahora que estamos en la coyuntura de un nuevo embate climatológico que nos muestra la necesidad de contar con una herramienta de ordenamiento territorial para guiar las decisiones de los gobiernos locales de cara al crecimiento de las urbes y nuestra constatada vulnerabilidad ambiental, bien haría la Administración Chinchilla Miranda en dejarse de experimentos y rescatar el PRUGAM. Aún está a tiempo.

Vilma Ibarra