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Miércoles 5 Diciembre, 2007

¿Réquiem por Alterra?

Hace tres meses se anunció con bombos y platillos un acuerdo entre el Gobierno y Alterra y sus bancos acreedores, que sería enviado a la Contraloría como un nuevo addendum (el quinto intento, si no perdimos la cuenta). Ahora dicen que el acuerdo “pende de un hilo”, que “hay un diferendo en materia tarifaria”, y quieren que el BCIE compre la deuda de Alterra con la IFC y los bancos.
Engordar el contrato. La expectativa de Alterra era engordar el contrato con un addendum que le hubiera dado una extensión por cinco años, hasta 2026, ingresos extra del orden de $300 millones y aumento del costo de las obras en $50 millones. El gobierno le ayudaría a conseguir del BCIE un nuevo préstamo por $48 millones, que se añadirían al préstamo por $120 millones que Alterra consiguió en 2000 de un grupo de bancos, del que solo giraron $90 millones y se negaron a desembolsar el resto, no confían en Alterra, que tomó buena parte para pagar sobreprecios, comisiones y otros rubros no autorizados. Ahora quieren endosarle los platos rotos al BCIE.
Alterra ha recibido además unos $150 millones de ingresos por operar el aeropuerto de 2001 a 2007. Lo increíble es que debía entregar las obras en tres años, con un costo de solo $80 millones (Etapas I y II), pero en seis años no ha podido terminarlas con esa millonada, tiene más de tres años de atraso. Es claro que lo que necesita Alterra no es más dinero, sino cumplir el contrato y ejecutar las obras faltantes.
Nos dejaron atrás. El presidente de TACA, Roberto Kriete, dice que “el aeropuerto de Costa Rica es un desastre, los concesionarios tienen utilidades excesivas, es de los más caros de la región, pero es que se llevan la plata”.
Guatemala, El Salvador y Panamá ya nos tomaron la delantera, y México acaba de estrenar su Terminal 2, con una inversión de $790 millones, 30 posiciones de abordaje, 252 locales comerciales, estacionamiento para 3 mil vehículos, ¡y fue construida en solo dos años!
Aquí Alterra lleva seis años, ha invertido solo $67 millones y no ha concluido una sola obra importante desde 2002.
Un negocio redondo. Desde que el gobierno notificó en diciembre de 2006 el inicio de un proceso de “terminación anticipada” del contrato han transcurrido 11 meses, durante los cuales Alterra ha sacado del aeropuerto más de $20 millones de ingresos y si acaso ha invertido $7 millones en unas salas y puentes de abordaje —con evidente tortuguismo— a pesar de que la Contraloría ordenó en noviembre de 2005 reanudar las obras suspendidas.
Pero Alterra, poseedora de un raro hechizo, ha logrado evadir sus obligaciones sin recibir sanción alguna. Demandó al Estado, exige revocar ocho resoluciones de la Contraloría y 37 del CETAC, y planteó 13 reclamos arbitrales. Casi sin invertir, ni pagar las multas por atrasos, continúa recibiendo los ingresos del aeropuerto. ¡Un negocio redondo!
Arreglo oneroso. El addendum propuesto habría sido muy gravoso para el país; en buena hora el CETAC no aceptó la presión de los bancos y estos han roto la negociación. El país habría pagado más, recibido menos y asumido los riesgos de un gestor del que solo queda el cascarón, pues Alterra puso a la venta su parte en los aeropuertos de Lima y Curazao, solo le queda el de Costa Rica, donde el nuevo addendum hubiera “engordado” el contrato para subir sus ingresos o venderlo con ganancia.
Para Alterra, el retraso de las obras ha sido una simple táctica de negociación. El addendum, además, hacía caso omiso del dictamen de la Contraloría en agosto de 2006, cuando rechazó el anterior porque pretendía “restituir un equilibrio financiero sustentado en condiciones que nunca formaron parte del Contrato… implica un aumento en los ingresos del gestor por encima de lo previsto”. Ante el criterio de la CGR, un “comité técnico” del CETAC propuso salirse por la tangente y recurrir a la figura de un “mutuo acuerdo entre las partes ante situaciones imprevisibles”, que hubiera sido una inaceptable manipulación.

Rodolfo Silva, Manuel Sáenz Herrero, Otto Escalante, Mauricio Gutiérrez, Rodrigo Cuesta, Juan José Sobrado