Roberto Dobles

Roberto Dobles

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Lunes 15 Agosto, 2016

El alto costo de la energía es también una de las causas de la salida del país de muchas empresas, tal como lo ha señalado reiteradamente el sector productivo

Repensar la política energética

Costa Rica tiene un mal desempeño con respecto a muchos de los componentes de la política energética, tales como la competitividad, la seguridad de abastecimiento, la independencia energética y la contribución fiscal a nivel de la producción de energía.
Esto está conduciendo al país hacia una ruta preocupante caracterizada por energía cara y no competitiva internacionalmente, alta dependencia de fuentes externas de energía, crecientes importaciones de los caros derivados de petróleo importados, baja seguridad e independencia energética, poca contribución fiscal a nivel de la producción de energía y alta vulnerabilidad a factores externos fuera de nuestro control.


La seguridad energética y la independencia energética son muy bajas, lo que genera una alta vulnerabilidad económica. El 100% de los combustibles líquidos que consumimos y que representan las 2/3 partes del abastecimiento energético nacional, viene de petróleo explorado, producido y refinado en el exterior. El 75% de la generación de electricidad viene del agua de las lluvias que llegan al país del exterior, las cuales son cada vez más impactadas por la creciente inseguridad hídrica generada por el cambio climático.
La contribución fiscal de la producción de energía es nefasta para el país, porque las crecientes importaciones petroleras que realizamos apoyan fuertemente la situación fiscal de los países petroleros a través de las grandes transferencias de recursos fiscales que les hacemos, a pesar de las enormes necesidades fiscales que tenemos.
La electricidad y los combustibles no son competitivos internacionalmente porque existe un desbalance entre las prioridades de política energética. Esto obstaculiza el desarrollo económico, la creación de empleo y la reducción de la pobreza. El alto costo de la energía es también una de las causas de la salida del país de muchas empresas, tal como lo ha señalado reiteradamente el sector productivo.
Se llega inclusive a subsidiar la energía importada en detrimento de la energía nacional, como ocurre con el búnker y el gas licuado de Petróleo. De esta manera, la política energética da prioridad a los derivados de petróleo caros importados y ambientalmente inferiores y a las grandes transferencias de recursos fiscales y no fiscales a los países petroleros, en contra de la energía nacional barata y ambientalmente superior, como el gas natural, que es una de las fuentes de energía que más está creciendo en el mundo por su bajo costo.
Se ha renunciado a la competitividad energética de nivel internacional, a las grandes cantidades de recursos fiscales que podrían ser generados con energía competitiva nacional y a la generación de empleo bien remunerado.
Estos son algunos de los múltiples síntomas que muestran la necesidad de repensar la política energética con el fin de convertirla en un verdadero instrumento de desarrollo y de bienestar social, como lo están haciendo muchos países, incluyendo a Noruega.