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Repasando a Epicuro

Probablemente el nombre de este filósofo griego sea uno de los que más se han utilizado con relación al mundo de la gastronomía y del gusto (placer), pero también vinculado erróneamente al placer sin límites, al hedonismo desenfrenado.
Nada más alejado de la verdad, va esta columna pues en su memoria y en aclarar este asunto. Epicuro de Samos vivió en 341 a. de C. y formó un grupo denominado “del jardín“ pues en su patio reunía a sus discípulos para disertar, enseñar y discutir sobre su filosofía existencialista.
Creía más en la amistad que en el amor, por eso profesaba un inmaculado respeto hacia sus amigos y amigas, creía en la fraternidad sincera y su filosofía proclamaba básicamente que la razón de vivir era la búsqueda del placer y no el dolor.
Pregonaba que había que tener sobre todo muchísimo cuidado con los placeres sensuales, porque si bien estos son deliciosos, destruyen al ser humano si son disfrutados en exceso.
Los placeres intelectuales desde luego eran parte importante en su filosofía y el desarrollo de estos era responsabilidad de los adeptos a su doctrina de vida.
Como vemos pues, el epicureísmo pregonaba la moderación, el disfrute sano y ético de la vida y alejarse de los que justifican su vida a través del dolor aceptando su destino (los estoicos).
Epicuro pregonaba que la felicidad iba de la mano de la filosofía y que la felicidad estaba compuesta por la ataraxia (ausencia de preocupaciones) y el hedoné (el placer) pero siempre con moderación y prudencia, alejándonos de todo lo que nos destruye
¡Buen provecho y hasta la próxima semana!
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