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Lo que más urge es recortar el gasto y crear indicadores de eficiencia para medir el rendimiento del sector público


Reforma fiscal es posible

Es necesario diseñar una reforma fiscal adecuada. El sector público debe reducir su gasto y empezar a operar eficientemente.
Así lo afirmó en estos días el ministro de Hacienda, Edgar Ayales, coincidiendo con lo que viene señalando este medio desde hace dos años.
Los salarios de nuestro sector público desde 2008 han crecido a un ritmo mayor que el costo de la vida. Son mayores que los de cualquier otro país latinoamericano, incluso que los de Estados Unidos y varios países europeos, como porcentaje del ingreso estatal, señaló el Ministro.
No hay duda que esto debe corregirse porque de continuar pondría en crisis la economía nacional. Pero además es indispensable crear indicadores de eficiencia para medir el rendimiento en las distintas instituciones de gobierno central, estatales y municipales.
Sin embargo, la reforma integral que se impone debe ser discutida en un diálogo nacional en el que participen los distintos sectores de la sociedad antes de enviar el proyecto a la Asamblea Legislativa.
Existen datos como que en educación y salud gastamos más que varios países líderes como Holanda y Noruega, como porcentaje del valor de la producción nacional.
En materia de sanidad, este medio viene insistiendo que es la falta de indicadores de eficiencia y la mala administración de nuestro sistema de salud lo que dañó sus finanzas y la calidad de los servicios.
Pero esto es reversible. No es aumentando salarios que mejorarán las fallas provocadas por los propios funcionarios con la venia de las más altas autoridades.
En cuanto a educación, es evidente que la inversión que se hace en ella debe dar mejores resultados. Y debemos aspirar no solo a quedar en primeros lugares en pruebas internacionales sino asegurar esa calidad de educación a todos los estudiantes del país.
Tampoco hemos dejado de insistir en que varios de los últimos gobiernos no hicieron la inversión que se debía en infraestructura, llevando al país a la actual crisis en ese sentido.
Los pocos intentos hechos en esta materia tardaron mucho más de lo razonable debido a la incapacidad de concesionar y controlar ejecución bien por un lado y a la inoperancia por otro.
En resumen, hubo falta de voluntad política para reestructurar y sanear el aparato estatal con la cual no habríamos llegado al problema fiscal actual.

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