Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 16 Febrero, 2016

 No hemos hecho la tarea de mejorar la productividad del sistema económico y queremos cobrar nuestro trabajo y bienes y servicios, por encima del costo promedio de la región

Reflexiones: ¿Por qué sigo desempleado?

El desempleo es el mal más violento y perverso que existe en el sistema económico. Ciertamente se expresa silenciosamente, algunas veces se traduce en una condición indigna que lleva al ser humano a la indigencia, la pérdida de sus condiciones de vida y las de su familia y en muchos casos, la degradante situación de convertirse en un estorbo para la sociedad. Es degradante, en especial cuando dicha condición se ensaña con los menos favorecidos por el sistema económico, aquellos que no tuvieron la oportunidad de terminar su educación o de tener una formación técnica o universitaria, aquellas que por su género deben atender a sus parientes, sus niños o inclusive son discriminadas para entrar al mercado laboral por su género o nacionalidad. Es común que el desempleo se acumule más que proporcionalmente en las regiones deprimidas del país y alejadas al centro de las ciudades y también es muy común, con aquellos que padecen de alguna condición especial de discapacidad o que por razones de edad, han perdido su trabajo y ya superan los 40 años.
Muchos dejan de buscar trabajo y entonces salen mágicamente del indicador de desempleo abierto, tan solo para pasar a la informalidad o simplemente engrosar las cifras de subempleo. Por supuesto, la informalidad esconde detrás de todos sus datos, condiciones de violación permanente de los derechos laborales y una creciente discriminación de género. Adicionalmente, esconde las cifras reales del trabajo infantil, no del todo desaparecido en el país. Es así como, la próxima vez que nos pregunten ¿por qué duplicamos la tasa de desempleo abierto o la desocupación total de la fuerza de trabajo en la última década?, no se vale salir con la frase de que se trata de un cambio estructural o de un desajuste entre la oferta y la demanda de empleo. Creo que los economistas debemos ser un poco más serios y menos simples, superando esa frase trillada, acuñada por un economista de escritorio del Banco Central y que fetichiza la realidad económica y social de más de 200 mil familias en el país.
Poco ha sido el debate sobre los males del desempleo y mucho menos, el debate sobre las soluciones. En mi parecer, no es posible disminuir la tasa de desempleo sin empujar la dinámica económica de manera significativa. El país es mucho más caro que otros países de la región y eso genera, un cambio sustancial en el patrón de producción y de especialización de la economía. Somos cada vez más una economía basada en servicios, pero cada día el costo de la cadena de dichos servicios es más caro y menos competitivo con la región dónde estamos. No hemos hecho la tarea de mejorar la productividad del sistema económico y queremos cobrar nuestro trabajo y bienes y servicios, por encima del costo promedio de la región. Así que espero que tengamos algo distinto que responder a quienes hoy se dicen con angustia, “¿Por qué sigo desempleado?”

Leiner Vargas Alfaro

 

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