Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 27 Febrero, 2012


Reducir la brecha social

En Costa Rica cada vez somos menos iguales. No me refiero a las características individuales donde siempre son ricas las diferencias; hablo de oportunidades. Sabemos que los niños que viven en condiciones marginales no tienen las mismas posibilidades que otros. Si antes la vivienda, la salud, la educación y la alimentación eran los elementos que diferenciaban a los pobres de los no tan pobres, ahora no tener acceso a la tecnología aumenta las diferencias.
En Uruguay, el Plan Ceibal, un proyecto creado por decreto en 2007 por el entonces presidente Tabaré Vásquez, entregó en pocos años computadoras portátiles con conexión inalámbrica a todos los niños en edad escolar y a sus maestros. El programa ofrece además capacitación a los docentes y mantenimiento técnico. Una revolución socioeducativa profunda e irreversible, como la califica el propio, expresidente Vásquez.

Dos años antes, en 2005, Nicholas Negroponte, fundador y director del MIT Media Lab, un laboratorio del Massachusetts Institute of Technology (MIT), había presentado en el Foro Económico Mundial de Davos un proyecto de producción de computadoras de muy bajo costo con el fin de disminuir la brecha tecnológica en los países menos desarrollados. La organización sin fines de lucro One Laptop Per Child (OLPC), ha desarrollado una pequeña computadora portátil llamada XO, o máquina verde, a prueba de golpes, derrame de líquidos y robo.
En Costa Rica la Fundación Quirós Tanzi, con tan solo un año de existencia, acaba de iniciar la primera entrega de 1.500 XO en 15 escuelas públicas de cuatro regiones del país: Curridabat y San Rafael de La Unión, Santa Teresa de Turrialba, San Isidro de Alajuela y Río Cuarto de Grecia. La meta de esta organización privada es llegar a dotar de alta tecnología a 25 mil niños en 2014.
La Fundación y el Proyecto Conectándonos han establecido relaciones estratégicas con el Ministerio de Educación, que ofrece apoyo en el campo pedagógico y en los procesos de capacitación a docentes, y con el ICE, que mejora la conectividad inalámbrica en las escuelas.
El inicio del proyecto fue posible gracias al aporte económico del Grupo Purdy Motor; el Grupo Gessa recaudó entre los clientes de sus supermercados más de ¢45 millones; Budget Rent a Car colabora en las operaciones de la fundación y ofrece voluntarios; y el Banco Lafise espera recaudar fondos para dotar de tecnología a 500 escolares este año.
En el caso de una escuela de Santa Teresa de Turrialba una sola persona donó los fondos necesarios.
Es más que loable la actitud de las empresas privadas y los individuos que colaboran económicamente en un proyecto tan importante desde el punto de vista social y educativo.
Muchos más empresarios deberían unirse a esta iniciativa y, sin lugar a dudas, el gobierno, más allá del Ministerio de Educación, debería apoyarla activamente. Los decretos no solo son posibles, son indispensables en estos casos.

Claudia Barrionuevo
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