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Recuento de una fuga imposible

• Esperada producción nacional no está siempre a la altura de sus ambiciones artísticas

El camino
(El camino)
Dirección: Ishtar Yasin. Reparto: Sherlin Paola Velásquez, Marcos Ulises Jiménez, Juan Borda, Jean-François Stévenin. Duración: 1.30. Origen: Costa Rica 2008.
Calificación: 6.

Casi ocho años han transcurrido desde que la cineasta Ishtar Yasin inició el proyecto de su primer largometraje, “El camino”. Yasin se había dado a conocer en el medio nacional con sus documentales y sus trabajos de ficción, incluyendo el corto “Florencia de los ríos hondos y los tiburones grandes” (1999). Con “El camino”, ella alcanzó un público mucho más amplio, pues la película compitió en varios concursos internacionales y hasta fue exhibida en festivales prestigiosos como Cannes y Berlín. Con su larga gestación, la obra generó grandes expectativas, que se cumplen solo en parte.
Se trata de una iniciativa merecedora del máximo respeto: un filme comprometido con la realidad social y exento de ganchos comerciales. Tiene el mérito de enfocar situaciones de pobreza, marginación y desarraigo, que el cine pocas veces analiza. Sin embargo, sufre también imperfecciones técnicas y conceptuales, que merman inevitablemente su impacto emotivo.
He aquí el trágico recuento de una fuga imposible. Con un estilo visual austero y un ritmo pausado, casi contemplativo, se describe el viaje de dos niños nicaragüenses: Saslaya, una muchachita de 12 años; y el mudo Darío, su hermano menor. Ambos viven en un tugurio con su abuelo, quien abusa sexualmente de Saslaya. Un día, la pequeña decide marcharse junto a Darío hacia Costa Rica, en busca de su madre, quien migró ahí años atrás.
La cinta pudo ser un estimulante punto de partida, para reflexionar acerca de la experiencia migratoria, pero el relato no asume connotaciones universales. Siempre queda circunscrito a las vivencias particulares de los niños, sin aportar consideraciones novedosas acerca de un fenómeno muy difuso y complejo.
Se supone que una imagen habla más que 1.000 palabras. En este caso, la puesta en escena no es particularmente elocuente. La desolación de los paisajes refleja el estado de ánimo de los personajes, pero al rato, este recurso se torna monótono y pierde fuerza, provocando indiferencia en lugar de empatía.
Los diálogos son escasos, lo cual constituye una ventaja, pues debido a una deficitaria grabación del sonido, las conversaciones resultan ininteligibles. Hay fallas en la dirección de actores: Sherlin Paola Velásquez posee una mirada fiera e introvertida, que calza bien con el carácter de Saslaya, pero la única vez que ella debe expresar alguna emoción, su llanto luce terriblemente forzado.
Sin duda, “El camino” constituye un esfuerzo creativo digno y valioso, aunque no está siempre a la altura de sus ambiciones artísticas.
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