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Domingo, 18 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Recovecos políticos

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 25 junio, 2009



De cal y de arena
Recovecos políticos

Presidentes irreverentes con el mandato del artículo 88 del Código Electoral, don José Figueres y don Oscar Arias. Ninguno otro ha desafiado la prohibición de beligerancia política allí contenida. Ambos han estado en la mira del Tribunal Supremo de Elecciones y el actual gobernante hace poco se ganó un temeroso y protocolario tirón de orejas. Este historial es elocuente expresión de que la norma que le estorba a don Oscar por “hipócrita” y “estúpida”, no es tan desacertada como la pinta. Imperiosos ambos, cada uno a su manera (de lo que don Pepe se despojó en los últimos tramos de su vida), arremetieron contra ese artículo cuando les resultó camisa de fuerza a la hora de emplear el sillón presidencial como magistratura de influencia con la cual inducir el comportamiento de los electores. Si en la democracia británica o en la francesa no ocurre así, en nuestras cimarronas democracias la experiencia muestra otra faz. El trámite del referéndum al TLC es elocuente confirmación de lo que puede ocurrir cuando no hay juego limpio y se reprime el deber del Estado de asegurar que el proceso se enmarque en un igualitario y equilibrado uso de los derechos y garantías que sustentan la justa comicial. Si solo se permitiese que el Presidente de la República manifieste sus preferencias por un candidato, la cuestión se reduciría a eso. Pero permitirle el proselitismo a que daría lugar la prohibición de beligerancia política, la cuestión pasa a ser una deformación peligrosa para la salud de la democracia.

Doña Gloria Bejarano de Calderón sería un diamante en una corona que bastante está necesitando la atención de un buen orfebre. Su postulación en la papeleta de diputados de la Unidad Social Cristiana, erradicaría la opacidad y el entreguismo de una representación parlamentaria que en los últimos años solo pena ha dado. Estudiosa, inteligente y gran trabajadora, quienes la conocemos y seguimos de cerca su trayectoria en las esferas de poder, sabemos que devolvería al partido la vocación por la justicia social que tanto desveló al Dr. Calderón Guardia y que sería yerbicida para la maleza neoliberal y la flacidez ética que invadieron al PUSC con funestas secuelas. Pero no hay alegrías completas. Resulta que la promoción de su nombre coincide con la reaparición en escena de unas cuantas “joyas” deseosas de volver al Congreso y que bastante desprestigio le acarrearon al partido. ¿En qué momento se salieron del “estuche de monerías” que tanto aludía don Paco Calderón?

El Partido Acción Ciudadana reabre la escuelita donde espera capacitar a quienes aspiran a representarlo en el Parlamento. Si en su currículo figurara exitosamente montada la carrera de habilidad para el juego de la política, el PAC estaría salvado. Habría dado con la piedra filosofal con la que llenaría la más grande de sus carencias: eso que en política llaman malicia indígena para intuir, anticipar, negociar y acertar, lo que en un símil con el fútbol sería aptitud para el movimiento de caderas, capacidad para recibir la bola en el aire y driblar de inmediato y con habilidad. Lamentablemente esta carencia no se corrige en ninguna escuela. El líder del PAC, Ottón Solís, aunque hierático y monóculo, tendrá que convencerse de que ahí faltan buenos políticos más que letrados, doctores y microscopistas.