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LITERATURA

Recopilación de cuentos africanos, el legado más tierno de Mandela

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La figura más representativa del mundo africano, Nelson Mandela, fallecido el pasado 5 de diciembre en Johannesburgo (Sudáfrica), deja como legado para los más pequeños una recopilación de los cuentos más bellos y antiguos de África.
“Mis cuentos africanos” (Siruela) es una antología de entrañables relatos, pequeñas muestras de la esencia del continente africano en los que se da fe de valores universales a través del mundo animal, del retrato de personajes y de algunos seres fantásticos.
Ilustrados por 16 artistas africanos, los cuentos recopilados por Nelson Mandela (Mvezo, 1918-Johannesburgo, 2013) versan sobre seres vivos como la liebre, “una pilluela muy ingeniosa”, según el Premio Nobel de la Paz, conocido como Madiba.
Además, el prólogo de Mandela también alude a otros animales característicos de la sabana africana como la hiena, “la perdedora de todas las historias”; el león, “el jefe de los animales”; o la serpiente, “que inspira miedo a la vez que es símbolo del poder sanador”.
“En realidad, no pretendemos decir que lo que vamos a contar sea cierto; no, en realidad no lo pretendemos”. Esta es la cita de Madiba con la que comienza el prólogo de “Mis cuentos africanos”, en el cual el presidente de la República de Sudáfrica recuerda que la mayoría de los cuentos han experimentado una metamorfosis en el transcurso de los siglos.
La antología pretende devolver estos cuentos tradicionales “a través de nuevas voces a los niños de África”, después de que los mismos hayan realizado “largos viajes de muchos siglos por lugares remotos”.
Además, estos relatos hablan también de hechizos “que pueden acarrear la desgracia o conceder la libertad, de personas y animales “que se metamorfosean” o de “siniestros caníbales que aterrorizan a grandes y pequeños”.
“El ave mágica que hechizaba con su canto” es el primer relato del libro, en el que se explica que procede de África oriental, que versa sobre la inocencia y el poder de los niños, el cual fue recogido a comienzos del siglo XX en Tanganica, hoy Tanzania, por el pastor Julius Oelke de la iglesia misionera de Berlín. Lo ilustra Piet Grobler.

Madrid / EFE
 



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