Reclamaciones por crímenes nazis, algo más que una provocación griega
Alemania ya cumplió con las víctimas del nazismo en virtud de sucesivos acuerdos, desde los años 50 a la actualidad. AFP/LA REPÚBLICA
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Reclamaciones por crímenes nazis, algo más que una provocación griega

El Gobierno de Angela Merkel reaccionó ayer a la reclamación griega de reparaciones de guerra afirmando que el capítulo está cerrado y apremiando a Atenas a centrarse en sus problemas del presente, pero las exigencias pesan sobre Berlín desde mucho antes de la llegada al poder de Syriza.
“Alemania es muy consciente de su responsabilidad histórica hacia las víctimas del nazismo. Pero el apartado de las reparaciones está jurídica y políticamente cerrado”, afirmó Steffen Seibert, portavoz del Gobierno, horas después de que el Parlamento griego aprobara crear una comisión para plantear sus exigencias.
La frase del portavoz tenía un aire ritual, idéntico al repetido en las últimas semanas desde la primera reclamación del primer ministro Alexis Tsipras, en cuanto asumió el cargo, y ahora respaldada de forma unánime de la cámara ateniense.
Hay que dejar de lado los “debates emocionales” y mirar hacia adelante, añadió el portavoz alemán de Finanzas, Martin Jäger, en alusión a las negociaciones iniciadas en Bruselas para desbloquear el último tramo del rescate griego, mientras Seibert declinaba comentar la amenaza de Atenas de expropiar bienes alemanes en Grecia.
El tono de Tsipras hacia Berlín puede ser distinto, pero sus reclamaciones e incluso los potenciales objetos a expropiar -el Instituto Goethe o el Colegio Alemán- no lo son.
Gobiernos más afines a Berlín, como el del conservador Andonis Samarás, ya las presentaron, también a escala internacional, y la respuesta fue similar a la de Seibert: Alemania ya cumplió con las víctimas del nazismo en virtud de sucesivos acuerdos, desde los años 50 a la actualidad.
El portavoz de la Cancillería repitió una y otra vez su explicación oficial, mientras los periodistas, alemanes y extranjeros, no se conformaban con lo rutinario y preguntaban por qué no se aborda esa cuestión aunque sea tardíamente, como se hizo con los esclavos del nazismo, cuyas indemnizaciones quedaron fijadas en 2000.
Desde la postguerra y hasta 2013 Alemania ha pagado —según datos del ministerio de Finanzas— 71 mil millones de euros a países que sufrieron la ocupación nazi, al Estado de Israel, a los trabajadores forzosos que el nazismo entregó a su empresariado “amigo” o en concepto de rentas a los confinados en los guetos y otros colectivos.
Cuando Berlín afirma que ya “cumplió” con Grecia, se remite a los Acuerdos de Londres de 1953 -y sucesivos apéndices siguientes o compromisos globales- con un total de doce países occidentales.
A Grecia, uno de los países más duramente castigados por la ocupación nazi, le correspondieron 115 millones de marcos (alrededor de 58 millones de euros), mientras que las reparaciones propiamente dichas quedaron en suspenso a la espera de un tratado de paz formal que no se firmó nunca.
Tras la capitulación del Tercer Reich, Alemania quedó dividida y ocupada por las cuatro potencias aliadas vencedoras: Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido y Francia.
En lugar de un acuerdo de paz, en 1990 se suscribió el llamado “Tratado 2 + 4” entre las dos Alemanias y las cuatro potencias aludidas, que posibilitó la reunificación alemana, a lo que siguió la llamada Carta de París con los restantes aliados.
Grecia se limitó a “tomar en consideración” los términos consensuados, sin llegar ni a presentar alegación ni a suscribirlos, lo que ha generado las sucesivas reclamaciones de Atenas, que hasta ahora nunca prosperaron o toparon con el “no” de Berlín.
La más fundamentada reclamación griega se centra en el crédito que el Tercer Reich forzó a Atenas a concederle durante la ocupación, de 476 millones de marcos del Reich, y cuyo valor actual estima Grecia en entre 7 mil y 11 mil millones de euros.
A ese crédito se suman las reparaciones por las masacres nazis —como los centenares de civiles ejecutados por la Wehrmacht en 1944 en Dístomo, a 200 kilómetros de Atenas— y los estragos causados en las infraestructuras, que algunos calculan hoy en 162 mil millones de euros, aproximadamente la mitad de la deuda helena actual.
Este segundo aspecto tiene pocos visos de prosperar, mientras que el relativo al crédito forzado podría tener más perspectivas de éxito traducido en unos 3.500 millones de euros, según las estimaciones a la baja expresadas por el Gobierno alemán, en respuesta a una interpelación grupo parlamentario La Izquierda del año pasado.

Berlín/EFE

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