Reaccionar o morir
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Aunque frente a los titanes en conflicto la voz de Costa Rica pueda parecer débil, lo cierto es que el país cuenta con estatura moral para clamar por un acuerdo

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Falta más de un mes para que en Copenhague los líderes del mundo pacten la hoja de ruta para la lucha más urgente que enfrenta el planeta en la actualidad, aquella contra el calentamiento global. Sin embargo los roces entre los pequeños y grandes contaminadores ya hacen saltar chispas.
En medio reclamos y desconfianzas entre los países la Reunión de Naciones Unidas sobre Cambio Climático cerró el viernes sin avanzar en los principales puntos de la negociación para un acuerdo, y en espera de que Estados Unidos presente una propuesta clara en Copenhague en diciembre próximo.

Los puntos pendientes del acuerdo se refieren a los objetivos de reducción de emisiones de países industrializados, acciones de limitación de crecimiento de emisiones en pases en vías de desarrollo, y financiamiento para adaptación y mitigación.
Asimismo, queda pendiente la definición de una arquitectura que conduzca este proceso de manera global, una vez acordados los puntos anteriores.
La desconfianza, junto con el dióxido de carbono, está en el aire. Aunque la administración del presidente estadounidense Barack Obama recalca continuamente estar comprometida con el esfuerzo de crear un nuevo marco ambiental mundial; también vocea sus dudas con respecto al de otros gobiernos.
China e India cuyo crecimiento económico ha llevado de la mano un crecimiento exponencial de sus emisiones de gases de efecto invernadero, piden primero que Washington cuantifique su propuesta de acuerdo antes de comprometerse.
Brasil, otra de las grandes economías emergentes y salvaguarda de la Amazonia, está usando capital político para conciliar posiciones. Llevaremos a Copenhague propuestas ambiciosas y queremos instar a los demás pases, especialmente los más ricos, a hacer lo mismo, afirmó Luiz Inacio Lula da Silva, mandatario brasileño.
Aunque frente a los titanes en conflicto la voz de Costa Rica pueda parece débil, lo cierto es que el país cuenta con estatura moral para clamar por un acuerdo. Incluso, y a pesar de las limitaciones, es mucho lo que puede enseñar al mundo empezando por la manera en que ha logrado construir en su población una vocación ambientalista.
El 26% del territorio bajo alguna forma de protección ambiental, y los esfuerzos que desde los sectores público y privado se realizan por encontrar formas y procesos de producción más limpia deben ser motivo de orgullo, pero no una venda que impida ver las fallas.
Quienes representen a Costa Rica en Copenhague deben tener esto presente y pujar por un acuerdo ambicioso que permita asegurar la sostenibilidad de la vida en el mundo.

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