Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 30 Enero, 2012


Ramo de novia


Las tradiciones de boda son muchas: el vestido blanco; llevar algo nuevo, algo viejo, algo azul y algo prestado; la entrega de la novia; la dote; el padrino; el arroz; la luna de miel…
Es un día de gran ilusión para muchas mujeres que, plenas de felicidad, se ven más bellas que nunca.
Hace casi dos años doña Laura Chinchilla se casó con la Patria. Como en toda democracia este matrimonio tiene un principio y un fin, que no necesariamente es un divorcio pero sí una separación.

Estrenó un impecable traje blanco y se veía muy guapa. Llevaba, posiblemente, algo viejo y algo prestado y el azul estaba en la banda presidencial. El padre, la madre, el marido y el hijo entregaron a la novia que contaba con el apoyo, la dote, del Partido Liberación Nacional (PLN). Don Oscar, su padrino, parecía estar feliz.
El arroz que se arroja sobre las parejas para desearles abundancia, le cayó a la señora Presidenta un año y medio después cuando los arroceros cerraron las calles por varios días.
La luna de miel duró lo que suelen durar: poco y nada. La fracción legislativa del PLN, apoyada por todos los partidos a excepción del Partido Acción Ciudadana y el Frente Amplio, propusieron recién llegados a Cuesta de Moras dar vía rápida a un proyecto de ley que les aumentaría el sueldo en un 60%.
Ramos de flores tenía varios: el presidencial, el de su gabinete y el de la fracción.
El primero, que es el que se acostumbra tirar para que lo atrape la próxima en casarse, tiene dueño y se espera que doña Laura se lo pase cual estafeta a don Rodrigo Arias.
El segundo, armado por ella y su equipo, se ha visto modificado: ha debido cambiar tantos miembros del gabinete que el ramo perdió su homogeneidad.
Ahora bien el ramillete de diputados del PLN (pocos escogidos por ella y uno propuesto al parecer por nadie) aunque está prácticamente intacto (solo el mejor de los elementos decidió no formar parte del arreglo floral), ha demostrado estar compuesto por varias flores de muy dudosa calidad.
No es que se echaran a perder, es que ni poniendo Mejoral y azúcar en el florero se podría disimular que siempre estuvieron… deterioradas.
Algunas pasan tan desapercibidas como las chinas en un jardín de orquídeas. Sin embargo, como bien dice el refrán, es mejor quedarse callado y parecer tonto que abrir la boca y despejar cualquier duda.
Otras, carentes de pudor, no solo evidencian su ignorancia y reverencian a los más poderosos esperando obtener favores, sino que utilizan esbirros para defenderse con una agresividad tan poco elegante que no les permite pertenecer a ninguna familia de flores: ni a las clásicas rosas, ni a los bellos tulipanes, ni a los finos lirios, conocidos también como azucenas.
El ramo cuenta también con alguna que otra flor carnívora, cuyo mal olor atrae a moscas y otros insectos desagradables.
Las novias ingenuas e ilusionadas creen que a partir del día de la boda todo será un jardín de rosas: nada más alejado de la realidad.

Claudia Barrionuevo
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