Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 26 Julio, 2013

El racismo no está legalmente admitido, pero se mantiene como un resabio de sensibilidades colectivas aberrantes que, al interpretar la ley, inspiran criterios hermenéuticos marcados por esos prejuicios


Racismo

Para desgracia y vergüenza de la humanidad el racismo sigue llenando titulares, haciéndose eco de las protestas en calles y declaraciones de políticos en diversos rincones del planeta. El racismo es una de las expresiones más espernibles y agresivas de lo que genéricamente se califica como “discriminación”. La discriminación constituye una aberración ética (normas) y moral (costumbres) que ve las normales diferencias, naturales o culturales, entre los humanos con una actitud de menosprecio a quienes las tienen.
La mayor de todas las discriminaciones radica en la explotación laboral (clasista) o de unos países sobre otros en el comercio internacional, pues reduce a la miseria y a la hambruna a multitudes y pueblos enteros. Todavía hoy en día la desnutrición sigue siendo la mayor causa de enfermedades y muertes de la humanidad.
En cuanto a las otras formas de discriminación (racial, de género, homofóbica, religiosa, étnica, por xenofobia, etc.), abrigo la esperanza de que la tendencia a considerar la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas como requisito para calificar de “democrático” a un Estado Nacional termine por convertirse en realidad y no simplemente como una excusa para discriminar política y comercialmente a quienes discrepan con sólidas razones de las pretendidas potencias hegemónicas.
En los países occidentales de mayoría “blanca” (“arios” como decía el nada rubio Adolfo Hitler) el racismo se une a la xenofobia que ve en toda persona no nacida en el país donde vive un delincuente real o potencial, o un ser inferior destinado tan solo a cumplir quehaceres considerados en su medio social como sucios o degradantes. Así lo han expresado abiertamente los camisas pardas de la Liga del Norte en esa Italia que sigue añorando a Mussolini.
En la Florida, el hijo de una latinoamericana de derecha, abundante en ese estado, so pretexto de actuar en defensa propia asesinó a un adolescente afroamericano desarmado. En no pocos países de Europa la violencia y la discriminación en contra especialmente de gente proveniente de África, sea del Norte (musulmanes) sea de la región subsahariana, es el clima imperante en amplios sectores de la sociedad.
Lo que nos obliga a situar esta abominable aberración en su contexto político y cultural. Después de la II Guerra Mundial y de la creación de las Naciones Unidas, seguido de los procesos de independencia, que han llevado a la condena formal del colonialismo, el racismo es reprobado constitucionalmente. Pero culturalmente se mantiene.
El racismo no está legalmente admitido, pero se mantiene como un resabio de sensibilidades colectivas aberrantes que, a la hora de interpretar la ley, inspiran criterios hermenéuticos marcados por esos prejuicios. Lo que sigue provocando violentos conflictos.
Solo con una larga convivencia entre grupos provenientes de distintos orígenes étnicos y culturales, y fomentando una activa participación de instituciones como las iglesias, las dedicadas a la educación y apoyadas por los medios de comunicación e internet, se podrá erradicar esta abominable degeneración de una especie que se pretende (¡oh paradoja!) “sapiens”(?).

Arnoldo Mora