Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 31 Marzo, 2014

Yo voy a ir a votar. Es mi derecho. Hace demasiados años que estoy esperando un cambio. ¿Y usted? ¿Va a ir a votar? ¿O va a permitir que le roben el 6 de abril?


¿Quién me ha robado el 6 de abril?

Los fans de Joaquín Sabina abundan en Costa Rica; una de sus canciones emblemáticas es “¿Quién me ha robado el mes de abril?” y a mí me encanta hacer parodias de canciones.
Aclarado esto, inicio esta columna.
“En el partido del fracaso / donde hay demasiada corrupción, / las deslealtades y el poder / conjugan traición. / Y cuando por la patria pasa la crisis como un huracán, / los hombres de camisa “green” / se sienten traicionados / Y gritan: ¿Quién me ha robado el 6 de abril? / ¿Cómo pudo sucederme a mí? / ¿Quién me ha robado el 6 de abril? / Parecido le pasó, al hermanito mayor”.
El primer domingo de febrero de 2014 fui a votar y me dispuse a cocinar para recibir a mi familia en la casa. Emocionada de sentarme frente al televisor a esperar los resultados. Comentarios, sorpresas, ansiedad, alegrías.
Algo similar esperaba para el 6 de abril. Igual que muchos liberacionistas. ¡Que conste que yo no lo he sido (liberacionista) ni lo quiero ser! Pero me solidarizo con tantos partidarios del PLN a quienes su propia organización les robó el 6 de abril.
“La jovencita de mi barrio / por primera vez participó, / contenta y entusiasta / en una elección. / Y cuando un candidato / que era del partido opositor, / renuncia sin decir por qué, / ella no logra comprender, / y sufre y dice: / ¿Quién me ha robado el seis de abril? / ¿Cómo pudo sucederme a mí? / ¿Quién me ha robado el seis de abril? / Yo quería otra elección / con la misma emoción”.
¿Cómo explicarles a mis hijas que en esta elección, todo es diferente? ¿Que no todo es malo, aunque muchos lo deseen e intenten arrebatarnos el gozo del 6 de abril?
He tratado de enseñarles que cada vez que uno asume un compromiso lo cumple hasta el final; que el barco en el que uno acepta subirse, por voluntad propia, no se abandona; que en eso consiste la valentía. Ese es el ejemplo que les he dado y no quiero que nadie las confunda.
“La abuelita de una amiga / siempre, siempre se involucró, / como miembro o fiscal / en cada elección. / Y cuando lee que han robado / tres papeletas, una o diez, / agobiada en el sillón/ llora por el TSE, / la Tita, y piensa / ¿Quién me ha robado el seis de abril? / ¿Cómo pudo sucederme a mí? / ¿Quién me ha robado el seis de abril? / Yo confié en el Tribunal/ que ahora se porta mal”.
Siempre estuve orgullosa de nuestro sistema electoral. Sé que nunca faltaron formas de torcer la voluntad popular sin necesidad de anular, modificar o falsificar papeletas: lo logran las campañas del miedo (sucias, innobles, mentirosas) y la “compra” de votos a los más necesitados (con promesas falsas e imposibles de cumplir). Por primera vez desde que tengo memoria, se violentó la pureza del voto.
¿Saben qué? ¡Nadie me va a robar el 6 de abril! Ni un partido que agoniza y (como todo animal grande) antes de fenecer patea y escupe. Ni los mafiosos que pretenden debilitar el mandato electoral. Ni los que entregaron unas papeletas a un periódico que las publicó sin pudor. Ni el TSE al que le faltan… agallas.
Yo voy a ir a votar. Porque es mi derecho. Porque hace demasiados años que estoy esperando un cambio. ¿Y usted? ¿Va a ir a votar? ¿O va a permitir que le roben el 6 de abril?

Claudia Barrionuevo
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