Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 21 Mayo, 2010


El pueblo considera que el aumento a los diputados es una forma flagrante de corrupción y ningún argumento podrá cambiar esa convicción sólidamente afincada en la inmensa mayoría de los costarricenses
¿Quién gobierna Costa Rica?

Uno de los mayores logros políticos del pueblo costarricense y fundamento de su sistema democrático cual es la forja del Estado de Derecho es, en mi opinión, la mayor conquista de la primera mitad del siglo XX, obra principalmente, de la llamada “Generación del Olimpo” (don Cleto, don Ricardo y don Julio Acosta). Todos discípulos de ese gran ideólogo de la democracia formal de Costa Rica, como fue el maestro y prócer cubano Antonio Zambrana quien, desde su cátedra en la Escuela de Derecho de la Universidad de Santo Tomás, formó a esa generación de prohombres. Los grandes reformadores de la década de los 40 le dieron un contenido social a la democracia formal; por lo que, todo aquel que hoy quiera profundizar nuestro sistema democrático debe partir de estas bases.
Los Arias se han empeñado de manera obtusa en destruir esas conquistas históricas, que han hecho de Costa Rica un país diferente y mostrado ante el mundo una de las democracias más consolidadas. El tráfico de influencias, el clientelismo, la práctica desaparición de la división de poderes, los escándalos de corrupción, unos denunciados por los medios de comunicación y otros, más numerosos aún, que circulan vía Internet o simplemente de boca en boca, han hecho evidente hasta qué punto el Estado Social de Derecho se ha deteriorado.
Lo anterior explica el descontento generalizado de nuestro pueblo ante la clase política. El intento, por parte de la mayoría de los diputados, de recetarse un descomunal aumento de salario cuando no han calentado todavía el sillón del Plenario, muestra hasta qué punto todo el despilfarro de recursos en la campaña pasada denunciando la corrupción, no era más que demagogia. La democracia, más que en leyes o en falsos “consensos”, se funda en valores. Si no hay ética no hay democracia. El pueblo considera que el aumento mencionado es una forma flagrante de corrupción y ningún argumento podrá cambiar esa convicción sólidamente afincada en la inmensa mayoría de los costarricenses.
Las consecuencias políticas no pueden ser más catastróficas para la nueva Presidenta. No acaba de comenzar “la luna de miel” con que suelen estrenarse los nuevos gobiernos, cuando ya esta amenaza con terminarse. Aquí se hace patente una diferencia abismal entre el gobierno anterior y el actual.
Oscar manejó con látigo de capataz a los miembros del Primer Poder (?) de la Nación, a quienes menospreció porque para él no había división de poderes; él era el PODER, como en la Roma imperial donde el César hizo del Senado una especie de tropa de saltimbanquis.
Por eso no le fue difícil a Rodrigo hacer que “su” partido nombrara como candidatos a diputados mayoritariamente a sus incondicionales.
La probable aprobación del mencionado aumento, por más impopular que sea, mete a Laura en un zapato porque un veto suyo la haría inmensamente popular, pero abriría una crisis política entre Zapote y Cuesta de Moras que marcaría toda su gestión.
Pero si Laura aprueba ese desaforado aumento, posiblemente baje en su popularidad cuando ni siquiera ha calentado el sillón de Zapote. Cabe, entonces, preguntarse: ¿Quién gobernará en el próximo cuatrienio nuestra casi bicentenaria República?

Arnoldo Mora Rodríguez