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Martes 22 Marzo, 2011

Quién es más de culpar…

Así esta el asunto de la “ya famosa” carretera a Caldera, cuando los últimos protagonistas son los que menos culpa tienen de un proyecto que nació muerto. Basta ver la fotografía del puente de “la platina” que publicaron los medios impresos la semana pasada, para apreciar una carretera normal de cuatro carriles, con un puente de cuatro carriles, construida entre los años 50 y 60 del siglo pasado, cuando todavía estaban en vigencia la planificación establecida para la Segunda República del 48.
Esta carretera se construyó para comunicar el aeropuerto “Santamaría” con la ciudad de San José entroncando con el tramo entre la Sabana y la Pozuelo, la “autopista Wilson”, la primera autopista que se construyó en el país. Este relato histórico nos lleva a preguntarnos cómo es posible que en pleno siglo XXI se construyan los principales entronques con los litorales, (posiblemente las carreteras más importantes del país) de dos carriles (a veces tres para subir las cuestas) y con puentes de solo dos carriles. Lo cual nos lleva a preguntarnos y sin entrar en detalles técnicos, en qué pensaban nuestros gobernantes y funcionarios cuando se diseñaron estas carreteras y en qué estaban pensando los que aprobaron la construcción de las mismas ya obsoletas a nivel de planos. Posiblemente en lo mismo que les ocupa hoy, en apagar incendios y en tapar huecos, ante la ausencia de un plan de gobierno para el país, en contraposición a un plan de gobierno para ganar votos.
El comentario anterior es solo un ejemplo de lo que sucede en infraestructura nacional, ante la ausencia de planificación integral que sufre el país desde hace varias décadas. Si de la misma forma se gobierna el Sector Social y el Sector Económico, en detalle, sin interrelación con los demás sectores, sin priorización y sin derrotero, no entendemos la existencia de un Ministerio de Planificación y compadecemos el esfuerzo a que se ven sometidos nuestros gobernantes para actuar sin el libreto adecuado que a veces raya en la comicidad.
Si a lo anterior le agregamos la incompetencia de los funcionarios, la corrupción, la burocracia y la politiquería, la labor del gobierno debe ser imposible y agotadora.
Costa Rica no es un país rico, pero tenemos muchísimas ventajas sobre otros países latinoamericanos, ventajas que debidamente programadas y encauzadas, nos pueden ahorrar mucho dinero y nos pueden ayudar a salir aún más del subdesarrollo.

Manuel Gutiérrez R.
Decano Facultad de Arquitectura UACA