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¿Quién es la estrella aquí?

German Retana
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Helenio Herrera, legendario entrenador de fútbol, decía que “un jugador con moral y bien preparado psíquicamente, da su pleno rendimiento, confía en sí mismo y en sus compañeros”. “¡Si juegas individual juegas para el rival, si juegas para el equipo juegas para ti!” “¡Un jugador puede ganar un partido, pero solo los equipos ganan campeonatos!”. Estas y muchas otras frases extraídas del mundo deportivo advierten lo mismo: “¡Ninguno es mejor que todos juntos!”.
Para el entrenador Manuel Pellegrini, además de lo técnico, lo físico y la dureza mental, otras dos grandes virtudes de los jugadores deben ser: entender que lo colectivo siempre está sobre lo individual y que la pasión de jugar evita todo comportamiento que reste minutos y capacidad al placer de hacerlo.
Así, cuando hay verdadera vocación y profesionalismo, no hay argucias ni malas astucias, sino la máxima determinación de jugar para, con, y por el equipo. Los jugadores con esta actitud mental, dice el técnico húngaro Lajos Baroti, “odian perder un partido y buscan meter un gol cuando van perdiendo; los equipos victoriosos, grandes, deben contar con jugadores con este talante”.
De nada sirve que un equipo se declare a sí mismo “muy unido” solo porque sus miembros se traten casi como hermanos, si en la cancha no se reparten la carga de luchar al máximo nivel por ganar. Los equipos con estrellas individuales dependen de estas para ganar partidos; el problema surge cuando su talento se enfrenta a verdaderos luchadores con una sólida mentalidad colectiva, contra la cual tienen poco que hacer.
Aquí se dividen los equipos dependientes de los interdependientes; en los primeros los miembros marchan al ritmo de sus estrellas, los segundos saben que unidos son la estrella; en unos no se puede predecir cómo será el desempeño cada día, pues eso depende de “cómo llegue la estrella”, pero en los interdependientes el que no llegue bien es puesto en orden por el resto.
La dependencia crea jugadores de primer y segundo nivel, afecta negativamente tanto el sentido de pertenencia como la seguridad por la constancia en el rendimiento.
La interdependencia, en cambio, crea solidaridad, espíritu de colaboración, membresía y confianza; todos sienten estar enfocados y compartiendo una sinergia que distribuye y acrecienta la carga emocional y mental para saberse y sentirse más fuertes.
Eso sí, en la interdependencia no se toleran conductas desalineadas con el objetivo general; por eso todos los miembros del equipo lucen bien concentrados, mentalizados y disfrutando tanto el sentimiento de pertenencia como la exigente construcción compartida del éxito. Ellos nunca dudan al señalar: “¡Aquí la estrella es el equipo!”.
¿Y en su equipo quién es?’
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