Enviar
Jueves 15 Marzo, 2012

Queremos circo

“¡Que le corten la cabeza!” grita la reina de corazones y todos sus súbditos estallan en vítores de alegría. El pueblo está sediento de sangre y de culpables. Aprueba por lo tanto, que rueden las cabezas. No importa cuáles, cuanto más grande el portador, mejor para el circo, que así es más el ruido que hacen al caer.
Queremos sangre, sí. De quien sea; de políticos, de artistas, del vecino, del Estado; es decir, de todos. Que ya no nos basta el fútbol o las películas de guerra. Queremos conocer a las víctimas de primera mano y podernos sentir parte de los que clavan el puñal o de los que quitan la tabla.
Pero, ¿por qué tal necesidad de morbo y angustia ajena? ¿Será que el llanto externo enmascara el propio? ¿Serán chivos expiatorios de nuestra violencia socialmente subyugada?
Fácil es pensar que el animal humano lleva impregnado en sus genes un algo que nos amarra a nuestros antepasados más salvajes. Pero hay cierta satisfacción interna que sabremos negar pero sentimos, cuando es alguien más el que expía las culpas colectivas y sociales.
Ya no son todos los caminos los que nos conducen a Roma, pero preferimos optar por aquellos que nos llevan al circo romano. Justicia y revancha son especias distintas, ya sabrán con cuál sazón nos estamos cocinando.

Rafael León Hernández
Psicólogo