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Sube la producción a base de hidrocarburos
Quemamos combustible, pagamos más

Megahidroeléctricas serían la salvación

La electricidad costarricense sigue haciéndose más cara, dado que hay cada vez menos generación de las fuentes eficientes y limpias, en comparación con el combustible importado.
Esta tendencia está causada más que todo por los cambios en la planificación estratégica, que han resultado en la falta de inversión en nuevos proyectos hidroeléctricos.
El resultado de este fenómeno es que Costa Rica, que hace pocos años era líder regional en la generación hidro, actualmente se encuentra en el tercer lugar, en términos de crecimiento de este tipo de energía
Para solventar el problema, sería importante avanzar rápidamente con las grandes plantas hidroeléctricas, Reventazón y Diquís.
Sin embargo, ambos proyectos están atrasados.
En lo que a la producción se refiere, en la última década, la generación de energía a base de diesel y búnker en este país se incrementó un 124%, mientras la capacidad de energía hidroeléctrica creció tan solo un 34%.
De hecho, durante ese lapso, la principal planta construida por el ICE fue la térmica Garabito.
La creciente dependencia en la generación térmica en ese lapso implica facturas más caras para los usuarios.
El kilovatio producido en una planta térmica costarricense le cuesta al usuario unos ¢233 actualmente, mientras que generarlo en una planta hidroeléctrica sale en tan solo ¢20, según la Aresep.
En la medida en que el valor internacional del petróleo aumente, el precio que deberá pagar el usuario nacional por la electricidad térmica, igual incrementará.
Mientras tanto, varios vecinos centroamericanos que antes eran más atrasados que Costa Rica en términos de generación barata y limpia, ya están más avanzados, sobre todo Guatemala, cuya capacidad hidroeléctrica creció un 71%, muy por encima del 44% de incremento con derivados del petróleo.
Más aún, Guatemala anunció la semana pasada un plan para el desarrollo de un puerto de gas natural, así como una planta para aprovechar este combustible, que cuesta apenas la tercera parte de su equivalente en búnker o diesel, y que además genera un tercio menos de dióxido de carbono.
La principal causa del atraso en el desarrollo de plantas hidroeléctricas en Costa Rica radica en que el gobierno sumergió al ICE en una crisis de financiamiento en la década pasada, al limitarle los recursos que podía invertir en nuevas plantas de generación.
Pirrís fue una de las obras que se vieron afectadas, pues la plata que iba a invertirse en la central eléctrica al final se dedicó a varias obras de infraestructura.
Para resolver el problema del déficit en la generación, el ICE construyó la planta térmica Garabito con una capacidad para generar 200 megavatios, el doble de lo que fue diseñado en un principio.
Tampoco ha sido posible definir el papel del sector privado en la generación eléctrica.
Si bien las administraciones de Oscar Arias y de Laura Chinchilla elaboraron un plan nacional energético, ningún gobierno ha sido capaz de implementar sus propuestas.
La salvación que hay a mano es que el ICE apure la construcción de las dos megaplantas hidroeléctricas que tiene en agenda, y que se le permita a la empresa privada ampliar su participación en el mercado en la generación con recursos renovables.
Con los cerca de 1.000 megavatios que producirán las plantas hidroeléctricas Reventazón y Diquís, se garantizaría el suministro a más de 1,5 millones de hogares, al tiempo que se reduciría la alta dependencia al petróleo que tiene el mercado eléctrico.
El problema es que aunque el primer proyecto está en desarrollo y tiene un avance del 45%, aún no tiene garantizada la mitad del financiamiento. Diquís, en tanto, se pospuso para 2020.


Danny Canales
[email protected]

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