Vladimir de la Cruz

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Miércoles 27 Enero, 2016

 Los abstencionistas, los que votan nulo o en blanco no castigan a nadie, no producen cambio alguno. Se autoflagelan porque los que salgan electos tomarán decisiones que los pueden afectar bien o mal

Pizarrón

¿Qué tenemos para las elecciones del 7 de febrero?

Los costarricenses tenemos la dicha de que los procesos electorales son confiables en todo su desarrollo, desde el origen hasta el final, el resultado de votación y la declaración oficial inapelable del mismo. Es un proceso que goza de certeza y de credibilidad, pero sobre todo de aceptación nacional una vez que pasan los comicios.
Son elecciones de los ciudadanos no del Tribunal Supremo de Elecciones, que organiza y administra el proceso electoral, de allí su fuerza. Cada ciudadano vale lo mismo en el proceso, como ciudadano y como voto.
Esta confianza pública y política se expresa en la amplia participación de los ciudadanos que a través de sus partidos políticos se enfrentan el 7 para escoger gobernantes locales. Son partidos de distintas tonalidades políticas, desde los que se consideran de izquierda hasta los de derecha, socialcristianos, socialdemócratas, liberales, socialistas y cristianos de distintas sectas, ecologistas y ambientalistas.
En este caso estaremos ante 81 comicios, ante 81 asambleas populares, en cada uno de los cantones, y casi 500 asambleas distritales, donde los electores de cada comunidad decidirán por las autoridades de sus respectivos distritos y cantones, y de las intendencias, que son, nuestros gobernantes locales.
Las elecciones en su resultado se dan con el número de votos que se produzcan. En estas elecciones gana el que tenga más votos. No hay porcentaje de votantes para validar la elección o definir ganador. Los ganadores se verán al final, cuando se cuenten los votos. Esta es la encuesta real y final.
Los votos emitidos en blanco, o anulados en urna, no tienen valor contable a favor o en contra de ninguno de los candidatos, de los que participan en cada cantón. Tan solo representarán el malestar de los ciudadanos, en cada cantón, contra todos los participantes, como candidatos o partidos.
Los ciudadanos que se nieguen a participar activamente votando a favor de un partido o un candidato, por inasistencia a las urnas, los abstencionistas reales, a mi modo de ver, no es que están en contra de un partido, de un candidato o de todos ellos. Sencillamente, es que les resulta indiferente quien gane de todos los que participan. Sienten que no pierden nada con cualquier ganador, y al momento final del recuento, su decisión abstencionista en la práctica se suma al resultado de los ganadores, lo que produce en la vida nacional, democrática y electoral, más consolidación y validación de las elecciones. Por eso al día siguiente de las elecciones el país vive una paz de cementerios, como si nada hubiera ocurrido el día y semanas anteriores.
Distinto sería si los votos nulos y blancos tuvieran valor contable en el proceso electoral, especialmente nacional, para los resultados finales, porque en ese caso el voto de los nulos, blancos, y abstencionistas en urnas, sí puede modificar una votación cuando porcentualmente ayuda a distribuir la proporcionalidad de la representación o de alcanzar el 40% de votos para ser electo. En estas elecciones del 7 esto último no cuenta y, por eso, los abstencionistas inasistentes a urnas suman moralmente en favor del resultado del ganador.
Los abstencionistas, los que votan nulo o en blanco no castigan a nadie, no producen cambio alguno. Se autoflagelan porque los que salgan electos tomarán decisiones que los pueden afectar bien o mal. Por eso es importante ir a votar.

Vladimir de la Cruz