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No sería de extrañar que la calificadora de riesgo Moody’s degradara al país en su próxima calificación a pesar de que le dio el grado de inversión en 2010

¿Qué pasó con el grado de inversión?

El 9 de setiembre de 2010 Costa Rica recibió el grado de inversión por parte de la calificadora de riesgo Moody’s con bombos y platillos.
En Casa Presidencial se hizo una conferencia de prensa donde se celebró que la deuda soberana costarricense pasó de un grado Ba1 a Baa3 con perspectiva estable, lo que significaba para inversionistas extranjeros menos riesgo de no pago, y para la Hacienda nacional una oportunidad de pedir prestado al mundo, en condiciones más baratas.
En breve, Laura Chinchilla fue a la Gran Manzana y anunció la posibilidad de una emisión, para “aprovechar” la oportunidad. Los títulos en dólares de entidades como el Instituto Costarricense de Electricidad y el Consejo Nacional de Fuerza y Luz subieron de precio ante una mayor demanda. Y allí se acabó la historia, dado que esta calificación debía ser ratificada por otras empresas como Standard & Poors y Fitch, lo que daría solidez a ese “grado de inversión” y eso no sucedió.
El informe de Moody’s que daba fe al mundo de la solvencia tica sentenciaba que Costa Rica está obligada a una disciplina fiscal muy fuerte y los banqueros nacionales repetían que la Asamblea Legislativa tiene que resolver ese tema.
Pero Hacienda se tomó su tiempo para redactar la reforma, los meses pasaron y el déficit creció, y lo sigue haciendo.
De la fiesta en Casa Presidencial no se escucha ni el eco y de la reforma fiscal, solo críticas.
Y es que al parecer la economía costarricense pudo vencer la crisis pero el país no ha podido contra la crisis de liderazgo que tiene la reforma fiscal estancada desde hace tres administraciones. Ni ha podido recuperase de la crisis de compromiso de muchos ticos que quieren calles de primer mundo con impuestos de tercer mundo y lo más grave de la crisis de eficiencia en el uso de los presupuestos por parte de las entidades públicas que están encargadas de mejorar la calidad de vida.
No es de extrañar que Moody’s degrade al país en su próxima calificación. Y Standard & Poors y Fitch no ratificarán un grado de inversión de una nación que pudo contra un shock externo pero que tiene las raíces más grandes de una crisis dentro de su propia casa.




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