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Viernes 29 Julio, 2016

Se requiere una nueva legalidad constitucional, porque el aparato público anda mal y la gente está indignada con la calidad de servicios que presta el Estado
 

¿Qué hacer con la Constitución Política?

Alex Solís F.
Muchos costarricenses, después de un trabajo serio, reposado, inclusivo y muy democrático, creemos que es necesario reformar la Constitución Política, para ajustarla a las necesidades, principios y valores de los tiempos actuales.
Se aspira a una nueva organización del aparato público que nos permita ser más competitivos, tanto desde la formulación y gestión de las políticas públicas como de la producción de riqueza por parte de la empresa privada; con el fin de lograr el mayor bienestar de todos los habitantes del país.


De esta forma desmentimos al señor Carlos Denton, quien en su columna del pasado miércoles 20 de mayo, afirma que no vale la pena redactar y reformar una nueva Constitución, porque quienes impulsan este proyecto, lo que desean es formar parte de una eventual Asamblea Constituyente y hacer negociaciones secretas en bares y sodas.
Conozco el grupo de personas que han trabajado en la formulación de esta iniciativa y salgo en su defensa. Gente muy sana y profesional, que después de meses y hasta años de trabajo en los que estudiaron los problemas asociados a la arquitectura del Estado, concluyeron, que para acometer con éxito la solución de esos problemas, se debía reformar la Constitución Política.
Al hablar de la necesidad de reformar la Constitución a las necesidades de los tiempos actuales, se debe recordar que la Constitución es un producto de la cultura como un hacha de piedra, la Gran Muralla China, una computadora o el motor de plasma que está fabricando Franklin Chang, para que algún día el ser humano pueda viajar a Marte o, quizás, a los confines del universo. En tal sentido, la Constitución como cualquier obra humana, también se hace vieja por el simple paso del tiempo, lo que obliga a renovarla, de cuando en cuando, para que no pierda actualidad y eficacia.
También se requiere una nueva legalidad constitucional, porque el aparato público anda mal y la gente está indignada con la calidad de servicios que presta el Estado. Todos sabemos, solo por citar tres ejemplos, que la Asamblea Legislativa no legisla con la prontitud que demandan los tiempos actuales; que la Administración Pública ha pedido capacidad operativa y se encuentra ahogada por la tramitomanía, la duplicación de funciones y una estructura administrativa compleja, constituida por trescientas treinta y dos instituciones y; que el Poder Judicial, todos los días, a cada instante, quebranta los derechos humanos, en tanto pisotea el derecho a la justicia pronta y cumplida.
Así pues, el sueño que nos anima es la construcción de una nueva Costa Rica. Se trata de un proceso creador que nos convoca y une como sociedad, en la medida que nos pone a caminar en una misma dirección, alrededor de un gran proyecto común. No se trata de dar vueltas al vecindario; se trata de subir el Monte Everest.
Tenemos que salir de esta zona muerta en la que nos encontramos. Para ello, creemos que la convocatoria de una Asamblea Constituyente es el procedimiento más seguro y democrático para transformar el país y avanzar hacia un sistema de vida y un mundo mejor para todos.