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Miércoles 24 Julio, 2013

Debemos esperar una nueva declaración de Buenas Prácticas Clínicas del Congreso de Costa Rica que actualice y mejore el actuar de los científicos del planeta en cuanto a investigación en humanos se refiere


¿Qué ganó el país?

Después de tres años de completa inactividad científica en cuanto a estudios clínicos se refiere después de que la Sala Cuarta suspendiera toda posibilidad de realizarlos en Costa Rica y nuestros Diputados iniciaran una larga y aparentemente cuidadosa revisión de las leyes que deben regular esta actividad, los costarricenses estamos a la espera de lo que terminará legislándose después de tan largo y estudiado proceso.
Toda la comunidad científica y creo que el mundo entero espera con ansiedad el nuevo aporte que este grupo de Diputados hará al concierto de los Derechos Humanos, que no hubieran contemplado anteriormente el código de Núremberg, la enmienda de Kefauver-Harris, la Declaración de Helsinki con las modificaciones o enmiendas de Seúl y Roatán, o las Normas de Buenas Prácticas Clínicas, o el informe de Belmont, o las Guías Éticas Internacionales para la Investigación en Humanos, o la Conferencia Internacional de Armonización, todas ellas escritas hace muchos años por los más destacados expertos en la materia del mundo y revisadas periódicamente para su actualización.
Debemos esperar los costarricenses una nueva declaración de Buenas Prácticas Clínicas extendida por la Asamblea Legislativa de Costa Rica que venga a actualizar y mejorar el actuar de los científicos del planeta en cuanto a investigación en humanos se refiere, si así fuera, ¡bienvenida la espera!
Caso contrario, hemos perdido el tiempo miserablemente, tratando de descubrir lo que hace mucho tiempo está descubierto y escrito, por científicos y abogados conocedores del tema. Y nuestros Diputados habrán malgastado los recursos que pagamos todos los costarricenses, nuevamente, en discutir, estorbar, y boicotear, cosas que no hacía falta, porque ya estaban establecidas.
Lo único que había que hacer era asesorarse bien y copiar lo que ya estaba legislado. Aún más, el Reglamento anterior llenaba bastante bien las necesidades de los sujetos de estudio, bastaba con arreglar los pocos defectos que pudiese tener.
Tres años, en los que se desbarató toda la estructura científica y tecnológica que el país había construido durante muchos años para atender la demanda de estudios clínicos, de forma ética y cuidadosa.
Muchos de nuestros científicos costarricenses y científicos en ciernes han tenido que abandonar el país en busca de mejores horizontes, tuvieron que dejar sus fuentes de trabajo cerradas como consecuencia lógica de esta barbaridad.
Todo para complacer la vanidad de un pequeño grupo de personas y atrasar el progreso científico del país, dejar sin empleo a mucha gente que dependía de los estudios clínicos como medio de sustento, y privar a muchos pacientes de tratamientos novedosos que podían ser beneficiosos para su enfermedad.
Eso fue lo que se perdió, y muy difícilmente se recuperará, pues nuestro país adquirió una horrible fama gracias a la inestabilidad legal que vivimos y que ha hecho que no seamos confiables como sitio de trabajo serio. Pregunto: ¿Qué ganamos?
Microbiólogo
 

Álvaro Apéstegui Barzuna