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Martes 4 Octubre, 2016

Nuestra población no debe ser presa del miedo, eso sí, debe estar adecuadamente informada a través de las fuentes con el respaldo científico necesario como la Comisión Nacional de Emergencias, el OVSICORI y la RSN

Que el volcán no nos robe la ilusión

Durante los últimos 20 años el volcán Turrialba ha venido presentando un proceso ascendente en su actividad, que ha evolucionado de una leve actividad fumarólica hasta emisiones de ceniza y flujos piroclásticos, como los que se han presentado en las erupciones de las últimas semanas.
La emanación de ceniza ha alcanzado algunos cantones del Valle Central, lo que ha generado afectaciones en la dinámica socioeconómica de la región, cierre de operaciones de aeropuertos, además de una importante afectación a los productores de distintas regiones.
La actividad eruptiva del volcán Turrialba ha sido ampliamente documentada por las instancias científicas, ejemplos de ello fueron las erupciones del siglo XIX entre los años 1864 y 1866.
Tanto la Red Sismológica Nacional (RSN) como el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica, Universidad Nacional (OVSICORI), entes competentes en materia vulcanológica y con quienes la Comisión Nacional de Emergencia se asesora, han presentado varios escenarios posibles a futuro; siendo el más probable la continuación del proceso eruptivo de manera prolongada hasta evolucionar a condiciones totalmente abiertas, similares a las presentadas en los años 1963 a 1965 por el volcán Irazú.
La CNE, en conjunto con las instituciones que conforman el Sistema Nacional de Gestión de Riesgo y Comités Municipales de Emergencia, ha establecido acciones enfocadas a la salvaguarda de la integridad física de la ciudadanía, la protección de los medios de vida y la atención de grupos productivos impactados.
Entre estas acciones destacan: la emisión de alertas, la capacitación y organización de comunidades, el cierre preventivo del perímetro de 5 km del radio del cráter, la rotulación de las zonas de riesgo, distribución de kits de protección para alumnos, educadores y personal de los centros de educación más vulnerables a la caída de ceniza, vigilancia continua sobre las cuencas alrededor del volcán y la presencia de funcionarios en el campo, donde realizan el levantamiento de información de las afectaciones productivas.
También, la CNE ha trabajado en conjunto con el LANAMME en estudios de modelación de cuencas que podrían verse afectadas en caso de que la actividad volcánica sea de mayor intensidad, que sirven de complemento a los mapas de riesgo, previamente elaborados por científicos nacionales, que sirven como un importante insumo para la elaboración de los planes de contingencia en los distintos cantones.
El dinero de los costarricenses hace posible el financiamiento de una millonaria inversión en materia preventiva, para la adquisición de equipos e investigación que realizan tanto el OVSICORI, la RSN y el Instituto Meteorológico Nacional, instituciones fundamentales para la toma de decisiones de la Comisión Nacional de Emergencias.
Hasta este momento, se ha girado un monto cercano a los ¢240 millones, con lo cual se ha podido suministrar un importante apoyo para los productores pecuarios y agrícolas de las regiones afectadas en los últimos meses.
El Gobierno de la República ha realizado un abordaje integral de esta emergencia; el Sistema Banca para el Desarrollo ha puesto a disposición más de ¢10 mil millones, que han servido para la implementación de proyectos enfocados al fortalecimiento de las capacidades de los productores.
Nuestra población no debe ser presa del miedo, eso sí, debe estar adecuadamente informada a través de las fuentes con el respaldo científico necesario como la Comisión Nacional de Emergencias, el OVSICORI y la RSN.
Si acatamos las recomendaciones de las autoridades en materia de protección a la salud y la propiedad, los costarricenses podemos continuar construyendo un mejor país cada día sin que el volcán nos robe la ilusión de realizarlo.

Iván Brenes
Presidente de la CNE