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Un CNP renovado y en competencia con el sector privado, podría lograr una baja en los precios del arroz para los consumidores

Que compita el CNP

Por una fórmula establecida hace 11 años, el Ministerio de Economía fija el precio que los industriales pagan a los agricultores por el arroz en ¢22.600 por 76,3 kilogramos de grano en granza (mojado y con cáscara).
De este modo se garantiza a los agricultores, especialmente a los pequeños y menos eficientes, que reciban un ingreso que les permita mantenerse. Esto lo debe pagar el consumidor que tiene el precio de arroz más alto de la región.
Sin embargo, los grandes arroceros reciben ese mismo monto a pesar de que sus costos de producción son más bajos, por lo que en algunos casos logran un margen de utilidad de casi el 40%.
Peor aún, dice una nota de este medio hoy, algunos industriales compran actualmente el grano en el exterior, a precios muy por debajo de los nacionales, y luego lo venden aquí por el monto fijado para Costa Rica, obteniendo en muchos casos un margen exagerado de utilidad. Además solo unos seis, de los 14 industriales dedicados al arroz, representan el 90% de esas importaciones por lo cual no se da una efectiva competencia.
Esta situación está llevando a la quiebra a los pequeños cultivadores de arroz mientras los consumidores siguen pagando demasiado por el grano.
Es obvio que en esto, como en otros casos, Costa Rica no ha sido capaz de regular el sector privado adecuadamente y tampoco actuó a tiempo preparando a ciertos grupos productivos para sacar buen provecho de la apertura comercial.
Para el caso del arroz en particular, al consumidor se le podría mejorar el panorama si se flexibilizara el precio fijado y se reactivara al abandonado CNP dotando a sus plantas del equipo necesario para secar y descascarar arroz y que pudiera así entrar en competencia con el sector privado obligando a una baja en los precios de venta final.
La inversión para reactivar todas las plantas del CNP podría recuperarse a través de la gestión.
En cuanto a los pequeños cultivadores del grano, al no haber sido apoyados oportunamente para enfrentar las nuevas condiciones de la apertura, deben atenderse ahora para ver cuáles pueden volverse eficientes y en caso contrario redireccionarlos hacia otras actividades productivas.

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