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Sábado 17 Diciembre, 2011

¡Qué cinismo!

En ocasiones anteriores he escrito que los políticos de turno no tienen la autoridad moral para imponer nuevos impuestos, ya que no tienen la capacidad para administrar eficientemente el país. También he escrito sobre el concubinato escandaloso entre la clase política y los sindicatos, los cuales han creado un empleado público privilegiado, a costas de nuestros impuestos.
La portada del 12 de diciembre en el diario LA REPUBLICA “Castas Ticas: Sector Público vs Privado”, no deja ninguna duda al respecto. Al leer el reportaje en las páginas interiores, uno no sabe si reír o llorar. Reír porque parece un chiste, el esquema salarial de los empleados públicos lo deja a uno con la boca abierta. Llorar porque somos nosotros, el resto de ciudadanos, los que tenemos que pagar la fiesta.
El gobierno se escuda en que debe aumentar los impuestos para poder ofrecer servicios de país desarrollado y que los costarricenses demandamos servicios de calidad, pero que no estamos dispuestos a pagar por ellos. Es de sobra conocido que en la discusión del paquete fiscal, no es un tema la reestructuración del Estado.
En realidad, sí hemos estado pagando por servicios de calidad, pero nunca los hemos recibido. Si tomamos en consideración lo que pagamos en impuestos directos, tales como renta, impuesto de ventas, impuesto a la gasolina, impuesto a los bienes importados, cuotas obrero-patronales, que aunque no lo digan son un impuesto, etc. y si además tomamos en consideración todos los impuestos indirectos que pagamos porque el Estado no es capaz de cumplir con su labor, tales como seguridad, salud y educación privada, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos que la carga impositiva es sofocante.
Pero resulta que el gasto del Estado no se puede tocar. Al hablar con cualquier político dicen que es imposible reducir el gasto del Estado y que de hacerlo así, estarían reduciendo de manera importante el gasto social, destinado a las clases de menores recursos.
En otras palabras, a la hora de apretarse la faja el gobierno puede dejar de invertir en infraestructura, puede desfinanciar los programas de ayuda a los más necesitados, puede limitar ciertos gastos que califican de suntuosos pero es imposible reducir, limitar o tan siquiera, eliminar los escandalosos beneficios laborales para los nuevos empleados públicos.
¡Y resulta que los servidores públicos, de la mano de sus sindicatos, marchan para protestar contra el paquete fiscal, porque atenta contra las clases más desprotegidas! ¡Qué cinismo! Por supuesto que los nuevos impuestos atentan contra las clases más desprotegidas, pero la solución no está en aumentar impuestos, sino en reducir el tamaño, el gasto y la duplicidad de funciones en el Estado.
Tanto los sindicalistas como nuestros gobernantes son igualmente responsables por el desastre fiscal en que nos han metido y resulta sumamente cínico que la APSE tome la bandera para defendernos.

Juan Carlos Herrera Raven
Corredor de Bolsa