¡Qué eficiencia y amabilidad!
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Con Sumo
¡Qué eficiencia y amabilidad!

Carmen Juncos
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Fui en estos días a un supermercado a buscar algunas cosas y entre ellas un producto específico que no tenía en casa y es necesario para una receta de cocina. Lo busqué en los anaqueles donde suele estar y no lo encontré. Le pregunté a un empleado que estaba acomodando mercadería y este lo buscó también sin encontrarlo por lo que me dijo “no se lo ofrecemos señora, no hay”.

Me dirigí a las cajas a pagar el resto de compras y le repetí la pregunta a la cajera pero esta me respondió que efectivamente no tenían. Mientras me marcaban lo demás, un señor que caminaba por la zona de las cajas y seguramente escuchó mi pregunta vino enseguida y me dijo “no se preocupe señora en un momento le traigo lo que usted busca” y efectivamente en un momento me lo trajo.


Yo no sé cómo lo llaman ustedes pero yo a esto lo llamo “alto valor agregado”. Me refiero a tener a ese empleado, tan eficiente, amable y bien dispuesto cuya tarea no creo que sea esperar a que una clienta haga una pregunta como la que hice, pero que, más allá de sus tareas específicas, está totalmente atento a lo que ocurre a su alrededor para “saltar” literalmente a dar solución a un problema que no era insoluble, solo hacía falta la actitud adecuada del factor humano.

Me parece que en época de crisis, como la que vivimos, este ejemplo es válido para comprender que los empleados de cualquier establecimiento de servicio al público deben asumir justamente esa actitud, que tanto valoramos los consumidores, y que los empleadores deberían valorar mucho también. Son los que logran la fidelidad de los clientes.

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