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Puerto Rico usa lotería  para evitar evasión fiscal

Un número de lotería de 10 dígitos en un ajado recibo de Church’s Chicken es la solución del gobernador Luis Fortuño para sacar a Puerto Rico de su “década perdida”, y la medida también puede salvar su popularidad.
El número, impreso en un restaurante de Ponce por una máquina que informa las ventas directamente al Tesoro del estado libre asociado, busca convertir a todo portorriqueño en un agente de control. El programa dará a todo el que tenga un recibo la oportunidad de ganar mil dólares o un auto y obligará a las empresas a hacer declaraciones y pagar impuestos.
Los consumidores tienen un “interés personal es asegurarse de que el impuesto se recaude y envíe a nuestro Departamento del Tesoro local”, dijo Fortuño, un republicano de 50 años, en una entrevista realizada en su despacho de San Juan.
En todo el territorio de los Estados Unidos, los gobernadores abordan déficits que suman $125 mil millones en el próximo año fiscal mediante recortes del gasto y la recaudación de dinero. La estrategia de Fortuño consiste en perseguir la evasión. Sus políticas de combate de la evasión impositiva incrementarán este año $305 millones los ingresos proyectados del estado libre asociado de $8.100 millones, dijo el secretario del Tesoro Luis Puig en entrevista telefónica.
Los billetes de lotería gratuitos pueden resultar más del gusto del público que otras medidas que Fortuño tomó en sus dos primeros años de gestión. Provocó huelgas estudiantiles cuando aumentó los aranceles para contribuir al equilibrio del presupuesto universitario. Generó protestas callejeras cuando despidió empleados para ayudar a llevar el déficit del territorio a $1 mil millones en el actual año fiscal, mientras que era de $3.300 millones en 2009, el mayor de todo estado en relación con sus ingresos.
Sólo se recauda el 52% de los impuestos a las ventas, según un documento del Tesoro. Se ha desarrollado una economía subterránea, dijo José Villamil, presidente de Estudios Técnicos, una firma de consultoría económica de San Juan.

Puerto Rico / Bloomberg


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