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Prudencia en el crédito y cultura de ahorro


La morosidad de quienes tienen crédito bancario en el país se vuelve un asunto que requiere atención sin más demora, para evitar que pueda darse aquí una situación semejante a la que afecta a Estados Unidos y que se inició también con una imposibilidad de los deudores de los bancos de pagar a tiempo sus compromisos con esas entidades, adquiridos para la compra de vivienda.
LA REPUBLICA informó ayer sobre la situación de retraso y en otros casos de cobro judicial de la cartera, que totaliza ¢367 mil millones de acuerdo con datos de la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef), sin incluir los préstamos que otorga la banca off shore ni los bancos del exterior que colocan recursos en el país y que esa entidad no tiene potestades para supervisar.
Por otra parte, es necesario destacar que esta morosidad se presenta en dos renglones principalmente, y entre ellos el de mayor morosidad corresponde al de consumo en sus diversas manifestaciones de bienes y servicios. Le sigue el rubro de la construcción, compra y reparación de inmuebles.
En este sentido, no está de más tener presente la advertencia que hacía Francisco de Paula Gutiérrez, presidente del Banco Central, la semana pasada en LA REPUBLICA, acerca de que “aunque se vive una época de vacas gordas nos aguarda un periodo de vacas flacas para el que hay que estar preparados” y aconseja “prudencia y más prudencia” a las instituciones bancarias y financieras.
No se trata de una carrera por ver quién coloca más créditos, sino de otorgar los que podrán ser atendidos oportunamente para lo cual debe brindarse abundante e idónea información a los solicitantes, tanto en la banca estatal como en la privada.
Hay que recordar que en cualquier economía madura, lo normal y saludable es que exista un flujo adecuado de la información, de manera que el posible solicitante de crédito tenga muy clara la situación y las diversas variables que en cualquier momento podrían modificar tanto las condiciones de su crédito como su capacidad de pago. Situaciones que no dependen únicamente del país o del manejo de los recursos de cada individuo, sino de fenómenos externos que actualmente pueden ser menos previsibles o detectables a simple vista, debido a la complejidad y volatilidad de la economía mundial sujeta a múltiples factores.
Es hora de incentivar el ahorro y educar al costarricense para que tenga el adecuado balance entre este y su necesidad de endeudamiento.
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