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Hoy, nuestro mayor deseo es que haya cada vez más hogares sólidos y llenos de amor, porque será la mejor forma de que puedan celebrar continuamente las madres


Protagonistas del amor incondicional

El Día de la Madre, así como el Día del Padre, podrían ser en realidad uno solo.
Claro que esto puede sonar raro en un día como hoy en el que celebramos a las madres, esas grandes protagonistas del amor incondicional, del sacrificio y la unión indisoluble con los hijos que solo ellas llevaron nueve meses en su vientre y luego dieron a luz.
Sin embargo lo que decíamos al inicio se debe al gran anhelo, que sabemos las madres comparten, de que ellas y sus cónyuges logren en cada caso fundar ese hogar que todo niño y niña merece.
Esa dulce y segura morada, cuando se logra, es el espacio donde los hijos pueden crecer y educarse sanos y felices, fuertes y listos para vivir, ellos también, una propia y buena vida.
No solo Costa Rica, sino el mundo entero, debería anhelar y hacer lo necesario para concretar, esa sociedad exitosa en todos los sentidos que solo puede construirse sólida y resistente a cualquier embate sobre los fuertes pilares de los hogares.
En esos hogares es donde reina, en medio de cualquier tribulación, el amor. Y a su calor siempre se obtendrán mejores resultados en la inmensa tarea de criar y educar hijos, aun cuando aparezcan problemas o se sumen amenazando la paz de la familia. Es ahí donde se viven la solidaridad y el sentido de responsabilidad.
En esos hogares las madres celebran su día todas las semanas, todos los meses y los años. Por eso hoy es nuestro mayor deseo que haya cada vez más moradas sólidas y llenas de amor, porque será la mejor forma de que puedan celebrar continuamente las madres.
Y en esos hogares, si prevalece la armonía, podrían los hijos celebrar en un mismo día a sus progenitores, quienes les dieron vida. Y quienes, más allá del resto de ocupaciones, se dedicaran a darles amor y educarlos.
Busquemos las mejores condiciones para que las mujeres puedan ser madres y seres humanos plenos. Cuidemos a los niños y a las niñas porque no puede haber madre feliz si no lo son sus hijos.
No las celebremos solo un día. Asegurémonos de que todos los días sean tan suyos como del resto de la familia, porque únicamente así se sienten bien las madres, esas protagonistas, como decíamos, del amor incondicional.

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