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Se espera más del Poder Ejecutivo, pero también reconocemos una curva de aprendizaje inevitable en la gestión pública

Primer año del Gobierno tiene aspectos positivos

La presidencia de Luis Guillermo Solís no ha sido fácil durante el primer año.
El torpe manejo de la figura de Melvin Jiménez, así como del Festival Internacional de Artes, conforman parte de un problema generalizado de comunicación tanto interna como externa, siendo el intento a la reforma de la Ley de Radio y Televisión, el punto más crítico de estas carencias.
Tampoco ha cumplido lo prometido en temas energéticos, mientras hubo un irrespeto a la institucionalidad manifestado en el levantamiento al veto de la reforma procesal laboral, y la aprobación de un presupuesto de manera inconstitucional.
Además, distintos sectores le reclaman al presidente que la agenda de derechos humanos que con tanta vehemencia prometió promover, ha quedado en meros simbolismos.
La facilidad con la que se habló en campaña de los cambios sustanciales que se implementarían desde el primer año, fue uno de los principales errores de este gobierno, ocasionados por la inexperiencia de quienes lo lideran.
Por otro lado, hay varias cosas positivas de reconocer del primer año de la administración.
Se han lanzado buenas señales en temas de infraestructura, como la aprobación, en diciembre pasado, de la terminal de contenedores de APM, la cual podría ser parte de un proceso de renovación importante en Limón.
Por otra parte, la aprobación del fideicomiso para la financiar la carretera San José-San Ramón y el impulso a la Circunvalación Norte son también avances importantes en esta materia.
Otro punto alto de su gestión fue poner en marcha el Programa de Banca para el Desarrollo, que podría ayudar a muchas pequeñas empresas, cuyo crecimiento dinamizaría la economía.
El Gobierno además ha mostrado un buen manejo de la política monetaria, lo que le ha permitido tener una inflación controlada.
Por estas y otras razones, 20 periodistas y editores de LA REPÚBLICA le otorgaron al primer año del Gobierno una nota del promedio de 60%.
Es una señal de que se espera más del Gobierno pero también el reconocimiento de una curva de aprendizaje inevitable en la gestión pública y un voto de confianza, aunque tímido, hacia los tres años que aún le restan.

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