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El primero de los recortes en el gasto fiscal debe aplicarse en publicidad. Recordemos que la excelente gestión se gana la buena prensa

Predicar con el ejemplo

Una de las secuelas que la crisis económica mundial dejó en Costa Rica es un déficit fiscal que excede el 5% de la riqueza producida por el país.
Este desbalance en las finanzas públicas merece ser analizado concienzudamente ahora que se discute el proyecto de Presupuesto Nacional para el próximo año.
La difícil coyuntura económica que vivió el planeta requirió en el país diversas estrategias para paliar sus efectos, algunas de las cuales influyeron en que se creara el faltante presupuestario.
Mientras los ingresos fiscales mermaban a causa de la contracción de la actividad económica, los gastos se incrementaban, especialmente en rubros relacionados con remuneraciones y programas sociales tendientes a mitigar los efectos de la crisis en los sectores más vulnerables.
Ahora, cuando los efectos de la crisis parecen ceder, el país queda con la urgencia de mayor inversión en recursos humanos —especialmente en áreas como la seguridad pública—, en infraestructura y en atender el déficit habitacional; en estimular la productividad, modernizar el Estado con vistas a hacerlo más eficiente, ejecutar programas tendientes a una mejor distribución de la riqueza y a estimular la producción, así como atender las víctimas del terremoto de Cinchona y —tras de cuernos, palos— socorrer a las que nos dejó el huracán Tomás
No es de extrañar, entonces, que resurja la iniciativa de aumentar los ingresos del Estado gravando nuevas actividades productivas o elevando la base impositiva de algunos tributos.
Sin embargo, es responsabilidad ineludible revisar hasta qué punto la administración ha logrado optimizar su recaudación, especialmente en tributos cuya naturaleza se supone es progresiva.
Se han sacrificado parques, el presupuesto de instancias tan valiosas como el Tribunal Ambiental, los sectores productivos, el consumidor, los estratos más pobres; todos han padecido los embates de la crisis y, por tanto, una reforma fiscal tendiente a aumentar los ingresos del Estado debe venir acompañada de la moderación en el gasto.
Partidas destinadas a la representación, viajes, recepciones, vehículos de uso discrecional y gastos considerados superfluos, deben ser escrupulosamente analizadas.
El primero de los recortes, sin duda, debe aplicarse en publicidad, sobre todo si la labor del Estado deja dudas con sus imprevisiones en infraestructura y la atención de emergencias. Menos podrían ser bien vistos los gastos en este rubro en vísperas de celebrarse los comicios cantonales.
Cuando la gestión es acertada y verdaderamente eficiente, la misma prensa se abalanza sobre la información para darla a conocer a la población.


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