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“Pre sal” se convierte en motor de economía carioca

Río de Janeiro
Xinhua

El inicio de la extracción de petróleo en el campo de Tupi, con yacimientos localizados en la formación conocida como “pre sal”, abre una nueva etapa en el crecimiento de la economía brasileña.
El acto solemne organizado el 1º de mayo por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva fue el marco simbólico de un acontecimiento que puede representar profundos cambios en la economía del país y en su posición internacional.
El tema debe ser abordado desde varios ángulos, empezando por el tecnológico: la explotación del “pre sal” pone definitivamente a Petrobras entre las empresas mejor equipadas para el aprovechamiento de yacimientos a gran profundidad.
En el área del campo de Tupi, a 300 kilómetros del litoral Atlántico, el mar tiene una profundidad de 2.140 metros; hasta ahora, el récord de la semiestatal Petrobras era haber perforado pozos en un mar de 1.860 metros de profundidad.
Además, para llegar al yacimiento fue necesario atravesar una capa de sal de 2 mil metros de espesura, lo que presentó desafíos hasta entonces no enfrentados por la empresa; la perforación de los cinco pozos de Tupí fue una valiosísima escuela.
Los campos petrolíferos del “pre sal”, en la cuenca de Santos, están a profundidades totales entre 5 mil y 7 mil metros, lo que representa dificultades adicionales para el trabajo de las sondas perforadoras.
Por todo ello, Petrobras se sitúa entre las empresas de vanguardia de la industria petrolífera, y el tamaño de las reservas, apenas imaginable por ahora, la colocará entre las seis o siete con mayores volúmenes de crudo disponibles.
La explotación de esos yacimientos, por otra parte, provocará una pequeña revolución en la economía brasileña.
El director de Petrobras, Paulo Roberto Costa, señaló hace unos días la insuficiencia de los astilleros nacionales para cubrir las necesidades de la empresa.
Y eso ocurre a pesar de que la industria naval brasileña es la segunda en importancia en las Américas, cediendo lugar solamente a la de Estados Unidos.
La enorme cadena productiva que gira alrededor de la industria del petróleo tendrá que ampliarse considerablemente, para satisfacer la demanda de Petrobras, y traerá a Brasil a otras empresas con nuevas tecnologías.
El principal “gancho” para atraerlas es la cláusula sobre contenido nacional que existe en todas las licitaciones hechas por la empresa, y que oscila entre el 60 y el 75%; para beneficiarse con ella, basta que la empresa monte una planta en territorio brasileño.
La importancia de esos cambios hará que el papel de Petrobras en la vida económica brasileña, que ya es considerable, aumente notablemente. Y eso, paradójicamente, reducirá la independencia de la compañía petrolera.
A eso parecía referirse el presidente Lula, el 1º de mayo, cuando recordó la importancia de que Petrobras perciba que es ella quien pertenece a Brasil, y no que Brasil sea suyo, subrayando la subordinación de la compañía al gobierno.
Lula también aprovechó para exigir más rapidez a los responsables por la elaboración de propuestas sobre el nuevo régimen de explotación petrolera que valdrá, por lo menos, para los campos del “pre sal”, aunque no sufra cambios para las otras áreas.
“No tienen mucho más tiempo para presentarme un nuevo marco regulador para la industria del petróleo en nuestro país. Y eso es urgente”, advirtió Lula, después de citar nominalmente a tres ministros.
Simplificando mucho, el nuevo marco definirá a quién pertenecerá el petróleo del “pre sal”: a las compañías concesionarias, como éstas desean; a Petrobras, como desean sus técnicos y ejecutivos, o al estado brasileño, a través de una nueva empresa.
Edison Lobao, ministro de Minas y Energía, ya declaró su preferencia por la creación de una nueva empresa totalmente estatal, con estructura mínima, que sería la “dueña del pre sal” y contrataría a otras empresas para explotarlo.
Lula, por su parte, recordó que ninguno de los países que encontraron grandes yacimientos, como Noruega, dejó de cambiar sus reglamentaciones en función del nuevo peso de la actividad petrolera en su economía.
En la visión del gobierno, la dificultad para dejar el “pre sal” a cargo de Petrobras es que, actualmente, algo más del 40% de las acciones de la compañía (y consecuentemente, el 40% de las ganancias) está en manos de extranjeros.
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