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Pornografía de la violencia

• Sylvester Stallone retoma uno de sus personajes más famosos y concreta un nuevo Clásico de lo Peor

Rambo – De vuelta al infierno
(Rambo)
Dirección: Sylvester Stallone. Reparto: Sylvester Stallone, Julie Benz, Matthew Marsden, Graham McTavish. Duración: 1.33. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 1.


Para salir del olvido, Sylvester Stallone revive a sus personajes más famosos. En “Rocky Balboa” (2007), el sexagenario divo reactivó la saga del popular boxeador italoamericano. Ahora es el momento de “Rambo: de vuelta al infierno”, donde regresa el implacable veterano de la Guerra de Vietnam.
En su cuarta aventura fílmica, el combatiente es más cínico, obtuso y despiadado que nunca. Sus gestas sangrientas representan una apología de la brutalidad, que no tiene razón, justificación ni excusa.
“Cuando la guerra está en tu sangre, matar es tan fácil como respirar”. Así lo explica el “héroe”, en una de las muchas frases estentóreas que atiborran un guion francamente grotesco. La película fue escrita, dirigida e interpretada por el mismo Stallone, quien concreta un nuevo Clásico de lo Peor.
Si el autor tuviera un mínimo de coherencia, a estas alturas Rambo debería administrar un exitoso negocio de mercenarios, repartiendo palizas por doquier. En cambio, Stallone recicla el estereotipo del soldado retirado, al que hay que rogarle, para que tome las armas y haga lo que más le gusta: matar.
En lugar de estar masacrando gente en Irak, como sería lógico, John Rambo vive como un ermitaño en Tailandia. Con su barco, acompaña a unos misioneros más allá de la frontera con Birmania. Cuando ellos son secuestrados por los villanos de turno, el ex marine se une a un comando de rescate.
Una vez establecido que los miembros del ejército birmano son seres repulsivos (asesinos, violadores y torturadores), Rambo y sus compañeros de inmediato se convierten en jueces y verdugos. Aplicando la fuerza para reparar injusticias, ellos aniquilan al enemigo con la furia de un castigo divino.
En medio de una caótica tormenta de explosiones y balaceras, se enfatiza el lado morboso de la batalla, mostrando a cientos de individuos acribillados, mutilados, decapitados, quemados, partidos a la mitad o destripados. La cámara no pierde detalle de esta carnicería, más bien se regocija con ella, evidenciando un gusto sádico por la visualización del dolor y la muerte. Es una forma particularmente perversa de pornografía, donde se presenta a la violencia más extrema como algo positivo, gratificante y espectacular.
Con los músculos contraídos en una expresión de disgusto, Stallone entrega una actuación paródica, mientras recita barbaridades que nadie más se atrevería a pronunciar, del tipo “Vivir por nada… o morir por algo: tú decides”.


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