Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 20 Junio, 2013

Está en la burocracia administradora de nuestras carreteras entender lo que está ocurriendo y no desatar la conflagración


De cal y de arena

Por la red vial va la ira popular

Explota la ira de los usuarios de la red vial del sur de Guanacaste. Ofendidos por tantas promesas incumplidas de gobernantes y políticos, han tenido que bloquear la carretera interamericana para sacar algo más que unas arras humedecidas por la “nitrofoska electoral” para devolverle buenas condiciones a esa red.
Está en la burocracia administradora de nuestras carreteras entender lo que está ocurriendo y no desatar la conflagración que dejaría en cueros la visita de la Presidente Chinchilla a Guanacaste el 25 de julio.
Los guanacastecos son de una madera distinta a la de los cartagos que esperaron 50 años para recibir hace pocas semanas el puente sobre el río Reventado que posibilita el tránsito decentemente entre Taras y Cartago.
Un señor puente, sin duda, construido con las exigencias de una moderna obra de ingeniería y a tono con el denso uso de vehículos y personas, eso sí un alto costo —¢2.552 millones sin incluir el valor del daño a lo intangible atribuible a la torpe gestión gerencial en el MOPT que tanto ha lastrado el desarrollo económico y social del país—.
Solo por su advocación a Job se explica la paciencia con que los cartagos han sobrellevado ese despelote vial de cinco décadas, por nadie pronosticado desde que hubo que apelar a medidas transitorias para afrontar la emergencia de 1963 las cuales terminaron mutando a permanentes.
Lo de Guanacaste y lo que se ha vivido en Taras reflejan el alarmante deterioro de la infraestructura vial en todos los puntos cardinales del país, factor que lastra seriamente su crecimiento económico y social y su competitividad, como lo ha denunciado LANAMME. Anótese, por ejemplo, la aún inconclusa ampliación de la Avenida Segunda en San José, el rezago de 30 años de la Circunvalación Norte y la tragicomedia de “la platina”.
Otro caso hiriente: a los usuarios de la importante carretera #37 que enlaza Limón con Sixaola también les dieron gato por liebre: de diseño obsoleto, de materiales que no soportaron los desafíos y sin mantenimiento, hoy sufre un gran deterioro. También por allá la ira popular ha estallado, con sobrada razón. Desde luego, ya con la campaña política en puertas, volverán a aplicarle un “caldo’e pollo” respaldado en el mágico contrato de costo muy bienvenido que suele aparecerse en estas circunstancias.
Así es la costumbre en el mundo de las carreteras en Costa Rica: trabajos que se improvisan para responder a necesidades de corto plazo y acallar protestas populares; luego vienen unos sabrosos contratitos de mantenimiento a veces contaminados con chapeas cuyo costo se paga —¡error!— a base de medición de metros cuadrados, no lineales. Además, con asfaltos de contenidos uniformes que en nada se adecuan a las condiciones climáticas ni a las distancias de transporte del material, también denunciado por LANAMME en queja de la que se desentiende RECOPE. Allá en Santa Cruz son 43 calendarios —no 50— los acumulados desde que se les prometió pavimentar la vía Villarreal-27 de Abril. Ojalá no les hayan recetado “atolillo con el dedo”.

Álvaro Madrigal