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¡Por una razón superior!

German Retana
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El proceso de clasificación hacia el mundial de fútbol 2010 está en plena marcha y ser parte de la Selección Nacional es, sin duda, el orgullo más noble que puede disfrutar un deportista. Gilberto “Tuma” Martínez me comentó recientemente: “Aquí en Europa he jugado contra varios de los grandes equipos del mundo, pero nada se iguala a la emoción de ponerse la camisa de la Selección y entrar a la cancha a defenderla”.
Ser seleccionado es un mérito y un privilegio. Es también una plataforma de prestigio público, y esto es precisamente lo que un jugador debe valorar con sensatez. La fama y la visibilidad son inherentes a este honor, reconocido con aplausos, premios, solicitudes de autógrafos y apariciones en los medios de comunicación. ¿Cómo reaccionar a esta circunstancia? ¿No se asemeja esto a lo que experimentan los “más visibles o famosos” dentro de toda organización?
El emblemático jugador de la selección española de baloncesto y de la NBA, Paul Gasol, expresó lo siguiente a la delegación de atletas de España en los Olímpicos de Pekín 2008: “Si ya os dais por satisfechos, estaréis ayudando muy poco a tu país; de hecho estaréis limitando nuestras posibilidades. Está bien que tu país te admire, pero es mucho mejor que el mundo admire a tu país, ¿no creéis?”.
Si en la mente y el alma de cada jugador cala la idea de que no hace sentido ser “grande” a nivel personal si el equipo no alcanza el respeto externo por sus logros, entonces estamos frente a una persona que comprende con humildad la correcta dimensión y la razón superior de ser seleccionado. Michael Jordan ganó varias veces el trofeo al jugador más valioso, pero tenía la frustración de no ser campeón de la NBA; entonces decidió ser más estricto con él mismo y dedicarse a jugar más para el equipo; así ganó ambos trofeos.
Esta actitud de servicio al equipo debe nacer en la ética del jugador, evidenciada en sus conductas visibles, en su proactividad ante todo aquello que sume a la probabilidad de ganar, de hacer y ser más por su país. No se necesita ser un filósofo para definir esa ética personal, basta con que cada jugador se haga estas dos preguntas: ¿Honestamente, para quién juego? ¿Qué pasaría si todos mis compañeros se comportaran como yo?
Como bien insinúa Gasol, procurar que se admire más lo que haremos como equipo por el prestigio del país, que lo que hemos hecho individualmente, es la decisión más rentable e inteligente de un seleccionado. En palabras del legendario Helenio Herrera, esto significa que “si juegas individual juegas para el rival, si juegas para el equipo juegas para ti”.
De nuevo: “Está bien que tu país te admire, pero es mucho mejor que el mundo admire a tu país”. ¡La razón superior!
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