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Domingo, 21 de julio de 2019



FORO DE LECTORES


10 años desde la primera marcha de orgullo LGBTI+ en San José

¿Por qué marchamos?

Jorge Solano [email protected] | Domingo 23 junio, 2019

Jorge Solano. Politólogo graduado del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po, París)

La respuesta puede ser obvia, sobre todo si se pertenece a una minoría. Cuando se ha tenido la dicha de no sufrir por discriminación: por su color de piel, estado socioeconómico, género u orientación sexual, salir a las calles a exigir derechos es una realidad completamente atípica. Inclusive dentro de los grupos minoritarios, hay miembros quienes sufren más discriminación que otros, por lo que muchos de ellos no sienten la necesidad de manifestarse. No es, hasta que un individuo se ve amenazado por otro o por su contexto, que decide actuar y es gracias a esta reacción humana, casi de supervivencia, que los individuos se vuelven colectivos ante la amenaza.

Si bien es cierto el origen de la marcha del orgullo LGBTIQ surgió en la cuidad de Nueva York, en cada país hay un evento o lugar emblemático donde todo empezó, donde un individuo o varios, decidieron que no había que ocultarse más, no había porqué seguir soportando represiones por ser diferente. Lo sufrido en el famoso bar Stonewall en Nueva York, no viene a ser una historia muy diferente de lo que ocurrió y ocurre en Costa Rica. A 10 años de la primera marcha de orgullo LGBTI+ en San José, quizás no hubo marcha de mayor relevancia que la del año pasado, que alcanzó cifras históricas, debido a la lamentable amenaza a los pocos derechos alcanzados hasta la fecha. Este evento bastó para que la comunidad se uniera y los que optaban por no marchar, decidieran salir a las calles. Porque no hay uno, o dos, hay muchos.

El debate no se debe de centrar en heterosexuales versus todo lo demás, es importante recordar que, como miembros de una minoría, se debe estar abierto a querer explicar por qué se marcha, para ser entendido hay que poder y querer hacerse entender. Aunque muchas veces el público no es buen receptor, lo importante es debatir con los que si están dispuestos a escuchar, quizás no entender, pero si escuchar.

Si para los espectadores es solo una fiesta llena de escarcha y vestuarios estrambóticos, para muchos de los presentes es celebrar estar vivos, seguir vivos y no estar solos. En nuestro país y alrededor del mundo las cifras de suicidios y agresiones físicas contra la población LGBTIQ son alarmantes, inclusive en países desarrollados donde hay leyes que garanticen la seguridad física y psicológica de este grupo. La comunidad LGBTIQ sigue sumamente amenazada. No es necesario ir muy lejos, las historias de discriminación en Costa Rica a la población LGBTIQ en las zonas rurales y en la capital no son diferentes de las historias de agresión en Honduras, Rusia o Filipinas. Es por esto, que se debe marchar, para enviar un mensaje, un mensaje de esperanza, que no se está solo o sola en esta minoría. Se marcha por las niñas, los niños, los adolescentes, que se sienten diferentes, que saben que son diferentes, que se sienten solos y tienen miedo del rechazo de su familia, su comunidad e inclusive de la iglesia. Se marcha por todos aquellos que hoy no pueden marchar y por conmemorar a todos aquellos que murieron marchando, porque hoy se está un paso más cerca de ese futuro idílico llamado igualdad.