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Lunes, 10 de agosto de 2020



FORO DE LECTORES


¿Por qué a Costa Rica le fue tan bien a inicios de la pandemia?

Andrzej Baranski-Madrigal [email protected] | Miércoles 08 julio, 2020

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No existe duda alguna que Costa Rica navegó los primeros meses de la pandemia con excelentes resultados en comparación con muchas naciones del mundo. A juzgar por la cantidad absoluta de contagios y muertes contabilizadas, nos encontrábamos en situaciones similares a las de Paraguay, Vietnam, Estonia, Islandia, y Sri Lanka.

Los números favorables que vivimos en la fase inicial deben ser motivo de alegría para todo ciudadano, independientemente de cual haya sido la razón específica del éxito y de quién reciba los aplausos en términos políticos (o los ¨me gusta¨ en Facebook). Muchos países habían implementado (antes que nosotros) cuarentenas y restricciones a la movilidad similares o superiores a las que llamaron las autoridades de salud ticas, así como el uso obligatorio de mascarillas, programas de sanitización de espacios públicos y demás. Pero lamentablemente no obtuvieron los mismos resultados.

¿Por qué fue que en Costa Rica se mantuvieron bajos los contagios y las muertes mientras que en otros países no? Esta pregunta no es fácil de responder científicamente, aunque políticamente cada quien fabricará su propia explicación a conveniencia.

Aún es muy temprano para emitir un criterio informado con base científica, pero es importante poner en perspectiva la dificultad de responder objetivamente dicha interrogante, dados los factores demográficos, económicos, culturales, genéticos, entre otros, en los que se diferencian las naciones del mundo.

Primeramente, los países tienen diferentes densidades de población lo cual incide en la velocidad de propagación. Por ejemplo, Corea del Sur tiene una densidad de 500 personas por kilómetro cuadrado, mientras que en Costa Rica es cercana a 100. Quienes intentan comparar números absolutos de contagios y muertes entre ambos países para jactarse de nuestros ¨mejores¨ resultados, cometen el error matemático más básico: están comparando papas con chayotes. Igualmente, es sabido que la edad es un factor de riesgo por lo que es de esperar que países con poblaciones más envejecidas sufran mayor cantidad de muertes.

El 50% de nuestra población tiene menos de 31.2 años, mientras que en Italia la edad mediana es de 45 años.

Un aspecto importante en el cual la suerte juega un papel importante es el origen del caso inicial. Algunos países tienen flujos aéreos 100 veces mayores que Costa Rica, razón por la cual estaban más expuestos a la entrada y propagación del COVID19. En términos de infraestructura, Costa Rica no tiene sistemas de transporte masivos como un tren eléctrico, ni la mayoría de la población vive en torres de apartamentos donde se comparten ascensores a diario. Ambos son focos significativos de contagio.

Desde un punto de vista biológico, al día de hoy se desconocen exactamente cuáles factores genéticos juegan un rol en la mortalidad del COVID19. Sin embargo, dos estudios recientes apuntan a que los genes sí tienen un papel importante. El primer estudio (Ellinghaus et al. 2020) publicado en línea el 17 de junio tomó una muestra de un total de 1980 pacientes italianos y españoles con insuficiencia respiratoria a causa del virus (y un grupo de control similar). El resultado del estudio de asociación genómica demuestra que un clúster de genes asociados al tipo de sangre está correlacionado con los fallos respiratorios por causa del COVID19. Interesantemente, personas con tipo de sangre O tienen un 35% menos de probabilidad de sufrir complicaciones por el virus, mientras que las personas con tipo de sangre A tienen un 50% más (respecto al promedio). Según estadísticas del Banco Nacional de Sangre, el tipo de sangre O es el predominante en nuestro país. No estoy proponiendo que este haya sido el motivo por nuestro bajo número de contagios y muertes pues la magnitud absoluta de la diferencia es baja, solamente que no debemos descartar la existencia de los factores de riesgo genéticos.

Por último, no se sabe con certidumbre cuantas cepas del virus existen. Un estudio realizado por investigadores de las Universidades de Zhejiang, Sun Yat-sen, y Saint Louis Missouri, (publicado en línea el mes de marzo) reveló que existían dos cepas del virus, una de ellas siendo menos contagiosa y mortal que la otra.

El mes de mayo, otro consorcio de investigadores descubrió una mutación genética del virus que le provee mayores capacidades de infección. No conozco datos sobre las cepas del virus en Costa Rica (tal vez el lector “sepa”), pero sería importante contar con dicha información.

Por las razones anteriores, proponer la existencia de una relación de causalidad entre los resultados iniciales de la pandemia en Costa Rica y el actuar de nuestras autoridades de salud es realmente un salto de fe. Esta explicación es menos científica y más política, carente de toda objetividad.

Tiene incluso un componente de identidad nacionalista, pues es muy placentero creer que nos fue bien porque somos una sociedad superior a las demás. Por el momento, el gobierno de turno ha difundido su narrativa a conveniencia mediante su maquinaria de propaganda en redes sociales y medios de comunicación, aprovechando el sentimiento nacionalista que ha surgido. Ya veremos cómo cambia su atribución de responsabilidad y causalidad ante el nuevo panorama con el aumento de los casos de los últimos diez días.

Mi conjetura sobre las razones del éxito temprano que tuvimos es una fuerte interacción entre varios factores, algunos dentro y otros fuera de nuestro control. Primero, la institucionalidad costarricense del sector salud (pese a sus debilidades), permitió un efectivo testeo y trazado de los casos iniciales. Segundo, las medidas tempranas de cierre de fronteras y cuarentena ciertamente jugaron un papel preponderante en detener la transmisión. Tercero, la transparencia del manejo de la información por parte de las autoridades de salud generó un clima de confianza en la ciudadanía hacia las instituciones.

Por último, antes del cierre de fronteras, tuvimos la muy buena suerte de no haber recibido del exterior cientos de casos al mismo tiempo, pues esto hubiera imposibilitado el trazado y dificultado la tarea del sistema de salud.

Actualmente, un grupo de colegas en la Universidad de Nueva York en Abu Dhabi están liderando una colaboración global para recopilar una base de datos con las políticas públicas de salud de todos los países del mundo ante la pandemia. Espero en el futuro poder escribir con mayor certeza sobre cuáles fueron los factores políticos, económicos y biológicos que determinaron el número de contagios y la cantidad de muertes. Por ahora, mi deseo es que las autoridades de salud hayan utilizado con diligencia los recursos de todos los costarricenses durante los tres meses de ventaja que tuvimos entre marzo y junio, con el fin de prepararnos para la nueva ola de contagios.

Andrzej Baranski

Assistant Professor

NYU Abu Dhabi







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