Por las mujeres trabajadoras y emprendedoras
Esteban Monge/La República
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La mujer es por definición luchadora y por ende, emprendedora; esto, pese a los innumerables obstáculos que día a día enfrenta para hacer realidad sus aspiraciones. Concretamente, en lo que respecta a las oportunidades de la mujer en el campo económico y laboral, el Informe “Global Gender Gap” del Foro Económico Mundial del 2016 nos recuerda que mientras más de un 80% de los hombres en edad de trabajar forman parte de la economía formal, el porcentaje es de tan sólo un 54% en el caso de las mujeres. Las razones de esta gran brecha son múltiples, pero entre las principales están aquellas relacionadas con el cuido de la familia y con las menores oportunidades que el mercado laboral está dispuesto a brindarles a las mujeres, en comparación con los varones. Por ello, durante mi gobierno les dimos prioridad a dos políticas para propiciar la mayor incorporación de la mujer a la economía: la Red Nacional de Cuido Infantil, y la certificación de las empresas en materia de equidad de género.

Durante mis años como servidora pública, una de las escenas más comunes en mi contacto con mujeres trabajadoras había sido sus dramáticos testimonios sobre las angustias vividas al no contar con opciones seguras para dejar a sus hijos más pequeños al acudir al trabajo. Muchas de ellas mujeres jefas de hogar, quienes están obligadas a trabajar para garantizar el sustento de su familia. Recuerdo aún, uno de los testimonios más conmovedores: el proveniente de un niño de tan sólo 12 años quien había tenido que sacrificar sus estudios para poder cuidar de su hermanita recién nacida. Fue por ese compromiso con las mujeres y por la convicción de que la atención integral durante la primera infancia es el mejor mecanismo para el cierre temprano de brechas sociales y cognitivas, que abrigué como el principal programa social de mi administración la Red Nacional de Cuido Infantil para los niños de 0 a 5 años. Con este programa logramos que miles de mujeres se incorporaran al mercado laboral sin la angustia de dejar a sus hijos solos o mal atendidos, y que otro tanto dedicara tiempo a pequeños y medianos emprendimientos y a completar su formación.

Esta política fue complementada con la promoción de mecanismos para incentivar al sector empresarial a abrigar políticas en materia de equidad de género. Lanzamos así, en el año 2013 y de la mano de INTECO, la norma técnica que permitió el establecimiento del “Sistema de gestión de igualdad y equidad de género” al interior de las empresas públicas y privadas, con el objetivo de cerrar las brechas de equidad en el mercado laboral. Gracias a este mecanismo, las empresas certificadas pueden ser acreedoras del “Sello de Equidad de Género”, lo que les da valor agregado a sus negocios y mejora sus posicionamientos de mercado. Con el lanzamiento de esta norma, Costa Rica se convirtió en el segundo país en América Latina en promover este tipo de mecanismos innovadores.

Estas dos políticas que en su momento impulsamos, han venido dando sus frutos. De acuerdo al Informe citado del Foro Económico Mundial, Costa Rica “continúa mejorando en materia de participación y oportunidades económicas para la mujer”. Si a esto agregamos que en 2011 logramos alcanzar la paridad en materia de educación a todos los niveles, Costa Rica presenta un escenario más optimista que muchos otros países en materia de equidad de género. Resulta innegable que tenemos aún un largo camino por recorrer y muchos obstáculos por enfrentar, pero estoy convencida de que la ruta en favor de la igualdad de oportunidades para la mujer en Costa Rica, es una de un camino sin retorno. Las mujeres trabajadoras y emprendedoras no permitirán que se vuelva atrás.

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