¡Por dicha aquí no va a pasar nada!
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¡Por dicha aquí no va a pasar nada!

Allan Rodríguez Aguilar
Gerente general
Grupo CFS

Hace dos años, cuando comentábamos acerca de los riesgos asociados con el desarrollo masivo de los fondos inmobiliarios, todo era una maravilla. Nada se oía (al menos en Costa Rica) de la potencial crisis del mercado de bienes raíces en Estados Unidos y todos vivían felices en nuestro mundo No Diversificado.
Un año atrás, con el inicio de los primeros problemas inmobiliarios en nuestro principal socio comercial, era fácil y común escuchar la frase “…eso solo pasa en Estados Unidos”.
Hace seis meses, cuando la crisis inmobiliaria norteamericana empezaba a dar unas pequeñas muestras de sus posibles magnitudes y su impacto se empezaba a sentir en las costas de nuestro Océano Pacífico era común escuchar “…eso solo pasa en Guanacaste”.
Hoy en día, es fácil y común escuchar la frase “…el impacto de lo que está ocurriendo en Estados Unidos y Europa no nos va a afectar, al menos no de forma importante”.
¿Cuándo vamos a aceptar que ya no estamos solos? Estamos presenciando una crisis de dimensiones históricas a nivel mundial. Los países ricos tendrán algunas facilidades que los pobres no tendremos y consecuentemente es de esperar que ellos estén mejor preparados que nosotros.
Los inversionistas con concentraciones en activos con riesgo inmobiliario, largo plazo, tasas de interés fijas y en moneda local estarán más expuestos a lo que viene. A ellos se les unen los que se han aventurado en el mundo de las Notas Estructuradas sin conocer el comportamiento de sus subyacentes (acciones, petróleo y otros commodities, índices, metales, etc.) y a aquellos que participan de Fondos de Inversión No Diversificados.
Los que están mejor preparados sacrificaron grandes oportunidades especulativas en los últimos meses a cambio de dormir más tranquilos hoy en día.
Tanto aquí como allá, aquellos que subestimaron los fundamentales de la economía y los principios básicos de diversificación terminarán por aprender la lección de la forma más dolorosa posible: con su propio capital.
Ahora lo que resta preguntarse es, ¿en cuál de los dos grupos de inversionistas está usted?

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