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Los dos candidatos a la presidencia en las próximas elecciones de Guatemala deberían moverse hacia el centro si quieren llegar a los que no se sienten representados por posturas tan radicales

  Polos opuestos en Guatemala

En las últimas elecciones guatemaltecas el abstencionismo fue del 34%, el menor desde 1985, cuando se acabaron las dictaduras militares.
Esta cifra da cuenta del compromiso que hay en el pueblo chapín de buscar un cambio, un nuevo horizonte para un país sumido en la ingobernabilidad y la inseguridad.
Esos casi 5 millones de guatemaltecos que votaron el pasado 11 de setiembre deberán volver a las urnas el próximo 6 de noviembre para la segunda vuelta del balotaje.
Ahora la contienda se ha reducido a dos candidatos, un exmilitar conservador y un abogado multimillonario populista.
Quien salió mejor posicionado en la votación fue el general retirado Otto Pérez Molina, un militar que ganó sus galones en las trincheras de la guerra civil librada en este país centroamericano entre 1960 y 1996 y cuyo mensaje de mano dura le valió el 36% de los votos.
Su contrincante, el empresario de corte populista Manuel Baldizón, obtuvo un 23,5% de los votos.
A estos dos candidatos diametralmente distintos, les queda una segunda campaña en la que deberían moverse hacia el centro, si quieren llegar a aquellos que no se sienten representados por posturas tan radicales.
En una encuesta publicada en mayo por el diario La Prensa Libre de Guatemala, el 66% de los entrevistados ubicó a la violencia como el mayor problema y esto le suma puntos a Pérez Molina que promete mano dura, pero si su postura se mantiene inamovible le podría jugar en contra en las filas de quienes buscan una mayor paz y estabilidad social.
Por otro lado el discurso de Baldizón, que para muchos es “peligroso”, promete tal vez más de lo que va a poder cumplir en lo que respecta a combatir la pobreza. Esto si se considera que Guatemala pasa por un fuerte déficit fiscal.
Sin duda, es de esperar que quien juegue las cartas más moderadas sea quien logre llegar a la silla presidencial, pues lo último que necesita Guatemala es una nueva polarización de la sociedad, algo ya escrito en las páginas de la historia chapina, que sufrió una de las guerras civiles más cruentas de América Latina, con 250 mil muertos en 36 años de conflicto.

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