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Lunes 19 Abril, 2010

Polonia restituida

Polonia y el pueblo polaco han transitado por la historia humana de una manera muy singular. Ese pueblo eslavo de milenaria existencia como nación, ha debido luchar como ninguno otro para encontrar su lugar en el concierto de las naciones europeas y una identidad propia en el mundo.
En múltiples ocasiones y épocas, las potencias vecinas temporales Austria, Rusia y Prusia, hicieron de las suyas a costa de los polacos y de su tierra. Los suprimieron, los anexaron, borraron de un plumazo sus fronteras, e incluso se dieron a la tarea de prohibir a este pueblo, hablar en su propia lengua.
En 1772 en San Petersburgo, Austria Rusia y Prusia se dividen Polonia. Este hecho es conocido como la primera desmembración. La historia no termina ahí; los polacos, bravíos, no se cruzan de manos y bajo el mando de Tadeusz Kosciuszko, durante las dos décadas siguientes, luchan por su reunificación y en el ínterin, en 1793, se produce una segunda repartición, esta vez bajo el dominio de las poderosas Rusia y Prusia. Llega el año 1795 y un tercer desmembramiento se gesta y ejecuta a manos de Rusia y Austria, logrando estos dos imperios, hacer desaparecer del mapa europeo a Polonia; situación que se extiende hasta 1918, cuando logra recuperar su independencia, luego de la gran sublevación de los años 1918-1919 bajo la dirección del prestigioso militar, el comandante de las fuerzas armadas polacas, Józef Pilsudski.
No habiendo sido suficiente la sanguinaria historia vivida, debe esta nación soportar las dos guerras mundiales, sobrevivir al exterminio de millones de sus ciudadanos en campos de batalla y campos de concentración. Aún convaleciente de los golpes de las guerras, cae bajo la influencia de la Unión Soviética; Polonia se convierte, no por voluntad propia, en uno más de los satélites soviéticos, debe sobrevivir, siempre aferrada a su historia, a su cultura, a su idioma y muy especialmente a su religiosidad y a su catolicismo.
Ese pueblo, como pocos, ha debido y sabido reinventarse constantemente, se ha dado a la tarea de recoger sus propios escombros y restituirse, empezar de nuevo a partir de poco, pero con mayor brío, con mayor confianza en sus propias fuerzas.
Llega el final de siglo XX y luego del zagas e intrépido papel jugado por Lech Walesa, el cardenal Karon Wojtyla (Juan Pablo II) y del pueblo alrededor de Solidarnosc, Polonia logra zafarse de la bota soviética y poco tiempo después es invitada a “volver a casa”, a su casa natural que siempre ha sido Europa y se incorpora de lleno y con todos los derechos a la Unión Europea que hoy conocemos.
Las tragedias han acompañado a los polacos en su transitar por el tiempo. Estupefactos, lo vimos nuevamente el trágico 10 de abril pasado. Luego del accidente aéreo en Smolensk, Polonia amanece con un gobierno descabezado, hombres y mujeres ilustres perecen ese día fatídico. La historia parece que quería más sangre polaca, parece que no bastó Katyn.
Conociendo a los polacos, habiendo vivido de cerca con ellos, no albergo la menor duda que ese país hermoso, laborioso, sufrido pero fuerte, sabrá levantarse nuevamente de las cenizas y restituirse, logrará ponerse de pie, reconstruir la casa una vez más, hacerlo bien como ya nos lo ha demostrado de sobra.

Johnny Sáurez Sandí