Políticas públicas que no inciden en el mundo real
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Políticas públicas que no inciden en el mundo real
A pesar de los buenos propósitos, las políticas públicas que buscan aumentar la producción y el consumo de energía nacional y renovable de bajo costo y disminuir el consumo de energía no renovable importada (petróleo) no están incidiendo en cambiar la realidad energética nacional.
Lo anterior porque simplemente no se les ha incorporado a estas políticas la capacidad institucional y el respaldo técnico, económico y financiero para llevarlas a cabo.
En el último plan nacional de energía (VII Plan Nacional de Energía 2015-2030) que ha sido publicado se señala lo siguiente:
A pesar de los buenos propósitos, estas políticas púbicas no están teniendo resultados relevantes en conseguir lo que se pretende lograr, como se comprueba con los datos que se detallan a continuación.
El consumo de derivados de petróleo (energía no renovable e importada) y sus emisiones (gases de efecto invernadero y de otros gases contaminantes) no solamente no están disminuyendo, sino que más bien están creciendo aceleradamente. El consumo petrolero nacional crece también mucho más rápido que el consumo de energía renovable nacional y el consumo de petróleo en el mundo.
Lejos de reducirse el consumo de los derivados de petróleo importados y las emisiones asociadas a este consumo, más bien ambos están creciendo aceleradamente.
De acuerdo con datos de RECOPE, en 2015 el consumo nacional de derivados de petróleo importados fue de 19,02 millones de barriles y en 2017 fue de 20,87 millones de barriles, para un crecimiento del 9,74% en este periodo.
Según datos del ICE, el consumo de electricidad, generada en su mayor parte con fuentes renovables nacionales, fue de 10.607,31 GWh en 2015 y de 11.019,32 GWh en 2017, para un crecimiento del 3,88% en este periodo.
El crecimiento de los derivados de petróleo importados en este periodo fue así 2,51 veces mayor que el crecimiento de la electricidad producida con fuentes renovables nacionales.
El crecimiento de la demanda mundial de petróleo entre 2015 (95 millones de barriles) y 2017 (98,52 millones de barriles) fue del 3,7%, por lo que el crecimiento de la demanda nacional de derivados de petróleo en este periodo fue 2,63 veces superior al crecimiento de la demanda mundial.
En el largo plazo, los estudios oficiales muestran que el crecimiento del consumo petrolero nacional seguirá siendo alto y que este será mucho más alto que el crecimiento de consumo mundial de petróleo:
Aunque hay diferencias en las estimaciones de crecimiento anual de la demanda petrolera nacional en el largo plazo entre los estudios de la DSE y de RECOPE, en ambos casos el crecimiento anual futuro estimado sigue siendo muy alto.
El crecimiento futuro del consumo de petróleo en el largo plazo a nivel mundial es mucho más bajo que el crecimiento futuro estimado de Costa Rica. Por ejemplo, en el “BP Energy Outlook, 2018 Edition”, se estima que el crecimiento anual promedio de la demanda de petróleo en el mundo sería de un 0,5% para el periodo 2016-2040.
El crecimiento anual proyectado del consumo petrolero nacional en el largo plazo es así varias veces más elevado que el crecimiento anual mundial. Esto es otra muestra más de que las políticas públicas nacionales en materia energética no están incidiendo en el mundo real.
Pero además, el creciente consumo petrolero nacional no solamente es un problema energético, sino también un enorme problema económico, fiscal y de divisas, ya que conlleva a enormes transferencias continuas de recursos fiscales a los países petroleros de donde provienen nuestras importaciones.
La comparación de la dependencia petrolera nacional (nivel de petrolización) con respecto a la dependencia petrolera mundial es otro aspecto que muestra la ineficacia de las políticas públicas nacionales, tal como lo muestran los datos siguientes:
De acuerdo con los estudios oficiales, la dependencia petrolera del país no bajaría en los periodos de análisis y se mantendría al doble con respecto al mundo. Y más allá de estos plazos, es previsible que si continuamos con las políticas de papel sin capacidad institucional y sin capacidad de ejecutoria, la situación podría empeorar.
Con respecto a la competitividad energética, tampoco se ha avanzado en nada relevante, a pesar de que este factor se ha convertido en el mundo en un elemento estratégico indispensable para desarrollarse y prosperar en la competencia global.
No me referiré a este tema en esta columna porque ya lo he analizado en varias columnas anteriores, incluyendo una reciente columna titulada “Competitividad energética: el eslabón perdido de la política económica y social del país”, donde, entre otras cosas, me referí a lo que organizaciones como la Cámara de Industrias y CINDE han venido señalando insistentemente sobre la pérdida continua de competitividad energética que está teniendo el país.
Los datos de los estudios oficiales expuestos en esta columna muestran clara y contundentemente que la política energética nacional no está teniendo ningún impacto relevante en la situación energética actual ni en las tendencias futuras. Tampoco está fomentando la competitividad nacional ni la necesaria transición energética hacia las nuevas, más baratas y limpias fuentes de energía que están emergiendo en el mundo.
Los estudios internacionales muestran que la energía solar y el gas natural, cada cual en su ámbito de acción, son las dos principales fuentes de energía que están impulsando la competitividad energética y la transición energética en el mundo.
Uno de estos estudios, elaborado por la International Energy Agency (IEA) y titulado “World Energy Outlook 2017: A World in Transformation, Executive Summary”, señala lo siguiente:
Otro de estos estudios internacionales, el “BP Energy Outlook, 2018 Edition, Outlook to 2040” señala “que el gas natural superará al petróleo como la principal fuente de energía mundial alrededor del año 2040”.
Pero en Costa Rica no se les da importancia a estas dos fuentes de energía de bajo costo que están impulsando la competitividad y la transición energética de los países.
La situación en Costa Rica con respecto a estas dos fuentes de energía es la siguiente:
Mientras el mundo avanza hacia fuentes de energía más limpias y menor costo para fortalecer el desarrollo, la matriz energética de Costa Rica sigue bastante estática y fuertemente anclada en las fuentes de energía tradicionales y caras, lo que provoca, entre otras cosas, un aumento de la factura petrolera, una pérdida continua de la competitividad energética y un aumento de las emisiones al ambiente.
Hay que tener claro igualmente que no se puede ser competitivo y no se puede fortalecer el desarrollo y la prosperidad con energía cara.
A pesar de la retórica y de las políticas sin impacto, las importaciones y el consumo nacional de petróleo caro (explorado, producido y refinado en otros países) están creciendo a un ritmo acelerado y muy superior al crecimiento del consumo mundial de petróleo.
Y para agravar aún más la situación, los derivados de petróleo son además la fuente de energía dominante en el país, el cual tiene una participación de casi dos terceras partes del consumo energético nacional (el doble del promedio mundial).
Las crecientes importaciones petroleras conllevan además a enormes transferencias de recursos fiscales y de divisas al exterior, los cuales nos hacen mucha falta aquí.
Esta es nuestra realidad, la cual debemos cambiar.