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Jueves 2 Marzo, 2017

El Tribunal Supremo de Elecciones recuerda a los empleados estatales las restricciones que impone el artículo 146 del Código Electoral para participar en actividades políticas

Política o politiquería

Luis Fernando Allen Forbes
Director ejecutivo
Asociación Salvemos el Río Pacuare

En Turrialba ya calientan las distritales y algunos grupos políticos ya distribuyen su publicidad mediante las redes sociales. También hay otros que han subido fotografías de sus visitas a los distritos para entregar becas, obsequios y algunos víveres para comprometer los votos.
Adicionalmente algunas municipalidades que han sido muy lentas en la ejecución de fondos, ahora sí están realizando obra pública en las comunidades para el bienestar social. Lo que supone condicionar los pueblos y sus necesidades como parte de la seudopolítica que han manejado por muchos años.
Está claro que cuando se trata de ganar votos para las elecciones, los candidatos no conocen límites. Hay quienes recorren las calles y con megáfono en mano, divulgan sus propuestas; otros organizan fiestas, prometen puestos de trabajo, dan regalos e, incluso, se aprovechan de los recursos públicos para convencer al electorado.
No obstante, estas estrategias, cada vez más recurrentes en la política local-nacional, se tornan repudiables cuando los candidatos se aprovechan de la necesidad de los ciudadanos y sobre todo de las poblaciones más vulnerables, y la actual campaña es una prueba de ello.
El Tribunal Supremo de Elecciones recuerda a los empleados estatales las restricciones que impone el artículo 146 del Código Electoral para participar en actividades políticas. Dicho artículo prohíbe a los empleados públicos dedicarse a trabajos o a discusiones de carácter político-electoral.
Las regulaciones se dan mientras los funcionarios permanecen en horas de trabajo, tiempo en que también se les prohíbe usar el cargo en beneficio de algún partido político.
Las restricciones implican no asistir a clubes o reuniones de carácter político, no utilizar la autoridad o influencia de sus cargos en beneficio de los partidos políticos, no colocar divisas en sus viviendas o vehículos, ni hacer ostentación partidista de cualquier otro género.
Una vez más están los “políticos” en campaña, tratando de conseguir un puesto para su familia que les garantice una posición cualquiera que sea, en alguno de las instituciones públicas de nuestro país.
Los políticos y sus adeptos en general, son cada día rechazados y odiados, saben lo que les exige el pueblo, y no lo hacen. Ese desprecio a la voluntad popular los deslegitima en democracia, los convierte en inmorales y en merecedores de ser tratados como déspotas.
Turrialba está deprimida, política, moral y económicamente y al borde de la quiebra. Para salir de ese profundo abatimiento, el cantón necesita afrontar un esfuerzo colectivo bajo un liderazgo fuerte, capaz de ilusionar.
En las circunstancias presentes, comandados por partidos y políticos a los que se rechaza y desprecia, sometidos a criterios no compartidos, impuestos desde el poder, inmersos en desconfianza e inundados del hedor que desprende la corrupción política, el resurgir es casi imposible.