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Cantidad y calidad de cuerpos de seguridad preocupan a especialistas
Policía rezagada tras hampa profesional

• Variedad y sofisticación de asaltos evidencian una tecnificación de la delincuencia
• Gobierno prendió las luces de emergencia nacional y ahora busca recursos extraordinarios para financiar guerra contra criminalidad

Eduardo Baldares
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Al Organismo de Investigación Judicial (OIJ) le aprobaron la apertura de 500 plazas nuevas y ahora corre para sacar del mercado laboral agentes cual conejos del sombrero, y mientras los capacita sobre la marcha va tras hampones “doctorados” en modalidades delictivas cada vez más sofisticadas y sorprendentes.
Cajeros electrónicos modificados por pillos profesionales esperan que usted inserte su tarjeta para copiarle la clave y luego extraer tranquilamente el dinero de su cuenta, así como hay decodificadores de portones eléctricos capaces de abrir de par en par su casa a los maleantes en solo segundos.
Estos son tan solo dos de los trucos empleados por los ladrones contemporáneos, pero hay muchos más. Cuando se dio a conocer la declaratoria de emergencia nacional el pasado 10 de enero, el director del OIJ anunció que se comprará equipo nuevo de aparatos de telecomunicaciones que los delincuentes no puedan “escanear”. Es decir, los criminales han tenido oídos hasta dentro del cuerpo policial.
La cantidad de crímenes cometidos en Costa Rica creció considerablemente en 2007, tanto en asaltos y robos como en homicidios, lo que finalmente activó una alerta roja nacional que no parecía encenderse hasta que los mismísimos jerarcas del Gabinete comenzaron a ahogarse dentro de la ola de violencia que viene sacudiendo al país desde hace tiempo.
Rodrigo Arias, Guillermo Zúñiga y Bruno Stagno, ministros de Presidencia, Hacienda y Relaciones Exteriores, respectivamente, así como Lidieth Carballo, viceministra de Salud, sufrieron en carne propia los violentos embates del hampa.
Como resultado, finalmente tras un año, ocho meses y dos días al mando, el actual Gobierno decidió prender las luces de emergencia y emprender acciones coordinadas entre los diversos organismos policiales, para lo cual aún no se tiene claro cómo ni de dónde se financiará, “pero que tiene que hacerse de alguna manera, se prometió y se va a cumplir”, enfatizó Zúñiga.
Los comerciantes ya habían pegado el grito al cielo. Según estadísticas oficiales del Poder Judicial dadas a conocer por la agencia de noticias EFE, mientras que en 2006 se registraron 15.574 robos a viviendas y locales comerciales, el año pasado la cifra pasó a 16.950 casos, un 8,8% más.
Entre las modalidades más “originales” de atraco está la de disfrazarse de funcionarios del Instituto Costarricense de Electricidad para acceder a las residencias antes de saquearlas.
Y ni que decir de los dueños de carros. En 2007 fueron robados 904 vehículos con violencia, es decir, sacando del auto a conductores y acompañantes; mientras que el año precedente se recibieron 860 denuncias por este delito.
Siguiendo con la cadena de artimañas, los delincuentes han llegado al punto de fingir ser oficiales de tránsito, parar a los conductores, hacerlos bajar del auto y luego robárselo como si nada.
Incluso aunque usted vaya en una autopista a cierta velocidad, no se confíe, porque también se está empleando el recurso de arrojar a la vía una llanta, una piedra o cualquier obstáculo que obligue a frenar a la víctima seleccionada para un “bajonazo”.
Ya ni caminar se puede tranquilamente. Los asaltos a personas en la calle pasaron de 7.704 en 2006 a 8.620 el año anterior, mientras que los homicidios, solo en el primer semestre de 2007 llegaron a 180, unos 27 más que en el mismo periodo de 2006.
En síntesis, es tal el auge de la inseguridad, denunciado por LA REPUBLICA desde hace meses y respaldado por encuestas de CID-Gallup y estudios como el Latinobarómetro 2007 y los últimos informes Estado de la Nación, que al Gobierno no le quedó más que oficializar lo que todos veían y sentían en carne propia o en la de allegados, de hecho uno de cada tres costarricenses.
Un 32% de los encuestados por Latinobarómetro confesó que ellos o parientes cercanos fueron víctimas del hampa en los últimos 12 meses, “y un escaso 5% considera que el país es cada día más seguro y se siente bien resguardado”, aseguró Daniel Zovatto, miembro del Consejo Asesor Internacional de dicha organización.
¿Más vale tarde que nunca? Lo cierto es que por fin se le declaró la guerra al hampa, se activan medidas coordinadas, cambios en la legislación y se promete el financiamiento “sea como sea”, según Zúñiga.
“Esto pasa por la Asamblea Legislativa, pero es algo que se tiene que analizar muy bien. Lo importante es que el Ejecutivo le dio carácter prioritario. Primero se podría analizar si es posible raspar de algunas partidas presupuestarias actuales, o bien ir invirtiendo sobre la marcha lo que se vaya recaudando en el tema fiscal, materia en la que se han experimentado avances notables, o bien este presupuesto extraordinario de emergencia puede provenir de un endeudamiento”, especificó el Ministro de Hacienda.
A Rogelio Ramos, ex ministro de Seguridad, le preocupa que se apueste a la cantidad de policías y agentes por encima de la calidad. “Me parece que tres meses para la capacitación de policías es un periodo muy corto, pues se trata de una labor muy técnica que exige conocimientos en ámbitos diversos como legal, humanístico, psicológico, físico y en toda una serie de áreas que es imposible abarcar en tan poco tiempo”, dijo, y aseguró que en España se estudia como mínimo dos años.

Fernando Berrocal, actual jerarca de la cartera, manifestó que “ante la necesidad del país se agilizó (la capacitación), pero no se descuidó la calidad, al contrario. Esto no se acaba a los tres meses, esa es la inducción solamente. Además, estamos enfatizando en la profesionalización de los mandos medios y se llegó a un convenio con la Escuela de Policía de Puerto Rico para reformular la nuestra de acuerdo con las necesidades actuales”.
Aunque se ha intentado reforzar la prevención con 1.600 policías más y se pretende aumentar al menos en otros 700, Berrocal acepta que igual el país se está quedando corto ante el auge criminal.
A la reunión del 10 de enero solo el director del OIJ llegó con una cifra concreta, ¢7 mil millones que le fueron concedidos para invertirlos en los 500 nuevos agentes y equipo técnico en
tre carros y los famosos aparatos de telecomunicaciones que los delincuentes no puedan “escanear”.
En cuanto a si hay profesionales suficientes para cubrir las 500 plazas, Rojas respondió que “hay que analizar muy bien el mercado. Por lo pronto, el perfil de inicio exige bachillerato del colegio, licencia de conducir y un examen psicológico, y será fundamental dar capacitaciones adicionales sobre la marcha en los múltiples campos que se requieren para entrarles de lleno a las prioridades: combatir el robo de casas y bajonazos en sus diversas modalidades, sin dejar por fuera los asaltos callejeros”.
Mientras, la plataforma de agentes que ya está debidamente capacitada es la que llevará la voz de mando en reforzados operativos, “en los que tendremos una capacidad de respuesta muy diferente, muy superior. Ya los asaltos y robos no los atenderemos con dos parejas de agentes, sino con siete. Esta es una solución muy concreta a la sensación de inseguridad que han venido sufriendo los costarricenses”, dijo Rojas.
Berrocal insiste en que no solo se está reforzando en la cantidad de recursos humanos y materiales, sino que estratégicamente se avanza, pues habrá mayor coordinación entre las instituciones anticrimen. “El plan incluye que las fuerzas policiales estén unidas, llámense municipales, de Migración, Tránsito, OIJ, Ministerio de Seguridad e incluso las empresas privadas, de manera que se amplíe el marco de acción contra la delincuencia”.
Por lo pronto, las fuerzas de seguridad están rezagadas. Proyectos como el que elabora la Universidad de Costa Rica para reestructurar el Ministerio de Seguridad, y el de colaboración de la Escuela de Policía
de Puerto Rico para reformular la capacitación en el país, apenas despegan cuando los hampones vuelan desde hace años.









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