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Se deberían analizar con toda seriedad los dos proyectos que se plantean actualmente como claves en generación eléctrica: Diquís y la implementación del gas licuado importado, ya que no hay pruebas de que este se encuentre en nuestro país


Podemos tener la energía necesaria

Si hay algo en lo cual Costa Rica ha logrado tener éxito, es en la generación de energía y por cierto, en su mayor parte, limpia.
Hoy a pesar de que la demanda no ha crecido mucho (solo un 1%), el ICE tiene, para después de 2017, un plan para los próximos 20 años, como lo informa una nota de este medio el lunes anterior.
Esto es importante. Recordemos que hubo años en que las políticas impidieron al ICE expandirse como lo tenía previsto para asegurar la demanda e incluso exportar electricidad. Esto produjo un rezago del cual hoy nos quejamos.
Años después, cuando se le permitió nuevamente a la institución invertir en ello, íbamos ya con un retraso que nos obliga a generar quemando crudo en los meses en que no llueve.
Por eso se deberían analizar con toda seriedad los dos proyectos que se plantean actualmente como claves en este sentido: Diquís y la implementación del gas licuado importado, ya que no hay pruebas de que este se encuentre en nuestro país.
Por otro lado, desde luego, se deberían apoyar los proyectos que, aunque en pequeña medida, buscan complementar la oferta de energía mediante otras fuentes limpias como la eólica, solar, térmica, geotérmica y biomasa.
Mientras se llevan a cabo los grandes proyectos generadores de energía en los que trabaja ya el ICE, podría incluso analizarse la posibilidad de comprar electricidad a otros países de la región en donde se produce a menor costo que la nuestra porque se encuentra subvencionada.
Lo más importante en todo caso es no volver a cometer errores que retrasen la ejecución de obras necesarias y continuar el cambio en la cultura de consumo.
Este se ha iniciado ya en muchas empresas que han incorporado políticas de reducción del gasto de electricidad además de usar equipos con tecnología de punta.
Pero debemos aprender a gastar menos energía en edificios, industrias, comercio y viviendas.
El clima de Costa Rica, por ejemplo, no tiene temperaturas tan extremas que obliguen necesariamente al uso de calefacción o aire acondicionado.
Este último, si se está usando cada vez más, es porque no hubo visión ni de gobiernos ni de la mayoría de arquitectos y desarrolladores para que los edificios y viviendas fueran diseñados pensando en el clima y en que esos diseños les permitieran ser frescos en momentos en que sube un poco la temperatura.
Ya es hora de tomar todo esto en cuenta. Nuestras necesidades no pueden seguir cubriéndose mediante ocurrencias sino por una inteligente planificación, tal como el país lo hizo históricamente, en el campo de la producción de electricidad, que fue extendida además hasta los más alejados rincones de nuestro territorio.

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