Enviar
Lunes 21 Noviembre, 2011

¿Podemos confiar en los políticos tradicionales?

¿Con qué cara vienen a pedirnos los políticos más dinero para financiar el gasto desaforado del gobierno? Ahora resulta que hasta el PAC, autodenominado el paladín de la ética, se ha convertido en un partido tradicional, utilizando medidas tradicionales para resolver un problema que no se resuelve vía aprobación de más impuestos.
Es muy fácil caer en el discurso de “que los ricos paguen como ricos” y tratar de engañar al pueblo de esa manera. Lo cierto del caso es que los impuestos siempre tendrán un efecto más negativo en las clases bajas que en las clases altas.

Si el PAC quiere hablar de ética y de acabar con el derroche en el gasto del gobierno, ¿por qué no empieza por proponer acabar con los privilegios laborales que tienen los funcionarios públicos? ¿Por qué no impulsan una reforma para acabar la injusticia social en la que se ha convertido la carga que representa la planilla del estado?
Es cierto que el PAC puede decir que no tuvo nada que ver con la forma como los políticos de turno, en concubinato escandaloso con los sindicatos, han hipotecado el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos, pero al apoyar la reforma fiscal, sin exigir que se acabe con el derroche en el gasto del gobierno, le está dando implícitamente su beneplácito a todo lo actuado por los gobiernos anteriores.
Seamos claros, el grueso del gasto del estado no está en los pasteles y cafés del congreso, ni en los viajes de los funcionarios públicos (que muchos son más que justificados), incluso, ni en que cada diputado del PAC tenga más de dos asesores, el grueso del gasto del estado está concentrado en los beneficios salariales y las pensiones con cargo a la Tesorería Nacional.
A lo largo de las últimas décadas, los sindicatos, con la complicidad de los gobernantes de turno, se han dedicado a saquear las finanzas públicas, a exigir privilegios para los funcionarios públicos que el resto de trabajadores del sector privado y trabajadores independientes no tenemos, pero que sí tenemos la obligación de pagar, vía impuestos.
Si los servidores públicos están para servir y no para servirse, ¿por qué es que se han convertido en empleados privilegiados, incluso protegidos por una ley arcaica como la Ley de Servicio Civil?
Los funcionarios públicos tienen el derecho de devengar un salario decente, competitivo y de acuerdo con sus habilidades y posición. Pero también tienen la obligación de trabajar, de servir al ciudadano y tienen que poder ser despedidos si no cumplen a cabalidad sus funciones.
Nuestros impuestos deben ser utilizados para promover el desarrollo económico y social de todo el país, no para financiar privilegios laborales de unos pocos, con cargo a todos los ciudadanos y sobre todo con cargo a las clases más necesitadas de este país.
¿Tendrán los políticos la entereza moral y la ética para reformar el gasto del estado o seguiremos los ciudadanos pagando una fiesta a la que no estamos invitados?

Juan Carlos Herrera Raven
Corredor de Bolsa