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Domingo, 9 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Planificar las jugadas

Vilma Ibarra [email protected] | Miércoles 02 julio, 2014


El Gobierno debe tener cuidado para no pifiar. Sus traspiés irían en contra de la propia gestión, y de las expectativas de la ciudadanía


Hablando Claro

Planificar las jugadas

El extraordinario desempeño de nuestra Selección Nacional de Fútbol, debe servir de balón de oxígeno a la novel administración del presidente Solís Rivera para tomar aire, organizarse y planificar sus acciones de manera que no sean la ansiedad y los deseos muy naturales de mostrar buenas acciones concretas los que puedan jugar malas pasadas que deriven en autogoles y minen por tanto la credibilidad que de todas maneras disminuye con el ejercicio gubernamental.
Ya lo dijimos a propósito de la descoordinación evidenciada con la derogatoria de la directriz que inhibía conciliar con grandes evasores: despacio, que hay prisa.
En estos días, los jerarcas del MOPT revelaron que pese a los esfuerzos será prácticamente imposible resolver en estos cuatro años la intervención de puentes firmada en el primer decreto presidencial del 8 de mayo. Un asunto que no es menor, debido justamente a la imperiosa necesidad de observar réditos concretos en infraestructura pública, sobre todo cuando el propio Ministro de la Presidencia aseguró que esperaban los primeros resultados de la ordenanza en los primeros 100 días.
El Gobierno lo tiene sumamente difícil pues debe manejarse en la cuerda floja de apuntalar la esperanza ciudadana en una gestión que prometió cambiar a Costa Rica, en tanto se enfrenta con las realidades de la inflexibilidad legal y de contenido económico de nuestra compleja Administración Pública.
Una muestra de esa complejidad quedó evidenciada con el cruce de cartas entre el propio Presidente de la República y el Regulador de los Servicios Públicos, cuando este último le explicó (como ya sabíamos desde hace mucho en cuanto a la fijación de tarifas por servicios al costo) que la única manera de bajar el exorbitante precio de la factura de combustibles es volarse el impuesto (¡imposible!) pellizcar la estructura de costos de RECOPE y de paso, abrir la vieja y postergada discusión del monopolio. O de permitir más generación privada, en el caso del mercado eléctrico. 
El Presidente, está claro, actuó de buena fe. Quisiera hacer algo con el elevado costo de los servicios públicos que nos asfixian. El problema es que no solo no puede hacerlo, sino que en su empeño, más bien podría terminar por abonar el desencanto ciudadano.
Otro asunto que se vislumbra como crisis en ciernes tiene que ver con la forma en que se presentan y se presentarán demandas sobre supuestos o posibles casos de anomalías o de abierta corrupción encontrada en estos primeros meses.
Concretamente lo que está sucediendo con la solicitud de indagación del uso de los recursos del Ministerio de Cultura, si no se fundamenta adecuada y rigurosamente, podría derivar en cruentos enfrentamientos políticos; esos que encuentran epicentro en Cuesta de Moras.
Hablamos crisis de opinión pública que siempre desgastan a los operadores.
El Gobierno debe tener pues mucho cuidado para no pifiar, porque sus traspiés irían en contra, no solo de la propia gestión, sino de las altas expectativas de una ciudadanía que quiso y quiere creer, pero que se desinfla rápidamente.
Aunque el Mundial nos tenga a todos soñando.

Vilma Ibarra